El Espejo Roto: Lo que la Última Sesión del Concejo Reveló sobre el Poder en Bolívar
- R. D'Alessandro
- 16 oct
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Actualizado: 20 oct

16 de octubre, San Carlos de Bolívar. Las voces se han apagado en el recinto del Concejo Deliberante, pero el eco de lo dicho resuena con más fuerza que cualquier formalidad de cierre. Lo que queda, horas después, no es el detalle de las votaciones, sino la cruda exposición de las lógicas que gobiernan la política local. La sesión ordinaria de ayer fue mucho más que un trámite administrativo; fue un espejo que, al quebrarse, devolvió fragmentos de una realidad incómoda: la de una clase política enfrascada en una guerra de relatos donde la ética es un arma, la memoria es selectiva y la unidad opositora es una ilusión táctica. Bajo el barniz de la institucionalidad, tres debates clave desnudaron los verdaderos motores de la gobernabilidad en Bolívar.
El Laberinto de la Competencia: Cuando la Solución es el Problema
El primer acto del drama se centró en una necesidad básica: el transporte para cincuenta alumnos de la Escuela N°14. El bloque de Juntos-UCR, con un proyecto de resolución en mano, exigía una reunión plenaria para abordar un problema que se arrastra desde abril. La respuesta del oficialismo, en la voz del concejal Hernán Mancilla, fue una obra maestra de la derivación política: declaró que el Concejo Deliberante "no era el ámbito" y que tratar el tema sería una "falta de respeto" al Consejo Escolar.
El argumento de la "competencia" es una falacia conveniente. La existencia misma de una Comisión de Educación en el HCD refuta la idea de que el cuerpo no tiene atribuciones. Más contundente aún es la cuestión del Fondo de Financiamiento Educativo. Este dinero provincial es administrado por el Ejecutivo municipal, no por el Consejo Escolar. Uno de los destinos prioritarios de ese fondo es, precisamente, el mantenimiento de los caminos rurales, causa principal del problema de transporte. Por lo tanto, el Concejo Deliberante no solo tiene la facultad, sino la obligación de controlar el uso de esos recursos. La maniobra de Unión por la Patria fue una táctica clásica: transformar un reclamo de gestión en una disputa institucional para diluir su responsabilidad directa sobre el estado de los caminos y la aplicación de los fondos. Al final, la moción para enviar el proyecto a comisión, aprobada por el doble voto de la presidencia, logró su objetivo: ganar tiempo y sacar el problema del foco público inmediato.

Ética como Arma Arrojadiza: Nombramientos, Persecución y el Contribuyente Olvidado
El debate más revelador fue, sin duda, el que rodeó la propuesta de Juntos-UCR para prohibir el nombramiento de familiares de funcionarios. Lo que debía ser una discusión sobre mérito y transparencia derivó en un cruce de acusaciones históricas que expuso la médula del sistema.
El concejal Luciano Carballo defendió el proyecto desde la "ética pública", argumentando que los funcionarios no deben "dar trabajo con la plata ajena". La respuesta del oficialismo fue demoledora y estratégica. El presidente Franco Canepare bajó a su banca para recordar los 167 nombramientos en planta permanente realizados por la gestión radical saliente en 2011, sin respaldo presupuestario. La concejal Emilia Palomino, una de las afectadas por la posterior anulación de esos nombramientos, admitió tácitamente el carácter político de las designaciones, pero las reencuadró como una respuesta a una "persecución ideológica" por parte del gobierno entrante, que la despidió estando embarazada.
Este cruce no fue un debate sobre buena gobernanza, sino una guerra de relatos sobre clientelismo. Ninguno de los bloques abogó genuinamente por el ingreso a la administración por concurso público. La discusión se centró en qué forma de favor político es más legítima: ¿el nepotismo (nombrar familiares) o el clientelismo partidario (nombrar militantes)? El oficialismo justificó su statu quo atacando el pasado de la oposición. La oposición, a su vez, justificó su pasado acusando al oficialismo de un pecado mayor: la persecución.
La conclusión es desoladora. La clase política, en su conjunto, se reserva el empleo público como un mecanismo de premiación y construcción de lealtades. La mención del "concurso" es un recurso retórico, una chicana ocasional sin voluntad real de implementación, como lo demuestra el hecho de que el propio HCD no ha podido designar a su secretario por esa vía. En esta batalla por justificar sus propios métodos de reparto, el actor principal queda fuera de escena: el contribuyente, quien financia silenciosamente cada puesto de trabajo otorgado no por mérito, sino por lazos de sangre o lealtad política.
La Fractura Expuesta: Cómo el Veto de Milei Partió a la Oposición
Mucho se ha especulado sobre el nuevo equilibrio de poder en el Concejo, donde la pérdida de la mayoría automática del peronismo teóricamente daría a una "oposición unida" la capacidad de marcar la agenda. El repudio al veto presidencial a la ley de financiamiento universitario demostró que esa unidad es un castillo de naipes.
El voto fue una radiografía de lealtades. Juntos-UCR, fiel a su ADN histórico de defensa de la educación pública, votó a favor del repudio. La Libertad Avanza, en cambio, se abstuvo. La jugada fue predecible pero significativa.
El bloque de La Libertad Avanza no podía repudiar a su propio presidente sin generar una crisis interna. Su lealtad es vertical y nacional. La abstención fue una salida calculada para no defender activamente un recorte impopular a nivel local, pero sin traicionar su proyecto nacional. Este episodio demuestra que la unidad opositora es puramente táctica y se limita a la fiscalización de la gestión municipal. En cuanto un tema toca el nervio ideológico nacional, la coalición se fractura.
Esta división es el mejor seguro de gobernabilidad para el oficialismo local. Sabe que la oposición puede unirse para pedir un informe sobre el estado de las calles, pero se quebrará a la hora de debatir subsidios, el rol del Estado o cualquier política que emane del gobierno nacional. La "mayoría opositora" es, en realidad, una alianza circunstancial de minorías con proyectos de país irreconciliables.
Conclusión: El Espectáculo y la Realidad
La sesión dejó un sabor amargo. Detrás del telón de la democracia representativa, lo que se vio fue un juego de poder donde los principios son flexibles y los argumentos se adaptan a la conveniencia del momento. La educación espera, la ética se negocia y la unidad es una promesa frágil. Mientras tanto, la maquinaria de la política local sigue girando, impulsada por lógicas que poco tienen que ver con las necesidades de los ciudadanos que pagan la entrada a un teatro en el que no son protagonistas.







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