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La Ecuación del 26 de Octubre: ¿Puede Milei Darle un Hogar al Votante Nómada?

  • R. D'Alessandro
  • 13 oct
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 14 oct

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¿Cómo le irá a Javier Milei en las elecciones nacionales de octubre en Bolívar? La respuesta superficial, casi una tentación por su simpleza, se encuentra en el resultado de septiembre: La Libertad Avanza obtuvo 4.173 votos. Este es su capital inicial, su base consolidada de adherentes. Sin embargo, detenerse en esa cifra sería leer apenas la portada de un libro complejo. La verdadera respuesta, aquella que anticipa no solo un resultado electoral sino el futuro del poder en el distrito, no reside en lo que Milei ya tiene. Reside en su capacidad para resolver la paradoja fundamental de la política bolivarense: la existencia de una mayoría opositora silenciosa que, elección tras elección, se fragmenta, se diluye y se fuga antes de materializarse como una alternativa de gobierno. El destino de La Libertad Avanza depende de su habilidad para seducir y, más importante aún, para retener a un universo de votantes cuya identidad política ha estado en tránsito por décadas; un electorado que busca, quizás sin saberlo, un vehículo electoral estable.


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La Autopsia de una Fuga: La Evidencia Numérica

Para comprender esta dinámica, es necesario realizar una autopsia a los números fríos de la última elección de setiembre. El dato crudo, despojado de interpretaciones, funciona como una radiografía del comportamiento político local. En esa jornada, un total de 19.147 ciudadanos emitieron un voto positivo para elegir concejales. Sin embargo, en esa misma elección, en el mismo cuarto oscuro, solo 16.987 lo hicieron para la categoría de legisladores provinciales. En el corto trayecto de un cuerpo de la boleta al otro, se evaporaron 2.160 votos. La clave no está en la fuga en sí misma, sino en su procedencia unívoca.

El análisis de las mesas de votación demuestra que mientras Fuerza Patria exhibía una disciplina de hierro —obteniendo 7.289 votos para su boleta local y, sorprendentemente, creciendo a 7.373 para la provincial—, la totalidad de la sangría se producía en el campo opositor. El archipiélago de fuerzas no peronistas (La Libertad Avanza, SOMOS y HECHOS) sumó un formidable capital de 11.858 votos para sus candidatos a concejal. Pero fue incapaz de retener ese caudal en el tramo superior de la boleta, donde apenas alcanzó los 9.595 votos. La diferencia es de 2.263 voluntades perdidas, un tesoro electoral que podría definir cualquier elección y que hoy se escurre entre los dedos de la oposición.



Dos Culturas Políticas: El Ancla y el Peregrino

Este fenómeno no es una anomalía; es la expresión de dos culturas políticas irreconciliables que conviven en el mismo territorio. La del oficialismo es la de un voto estructural. El votante peronista tiene un ancla: una identidad y una lealtad al movimiento que trascienden los sellos de turno. Los nombres pueden cambiar —Frente para la Victoria, Unidad Ciudadana, Fuerza Patria—, pero el núcleo identitario permanece. Por eso no corta boleta, porque su voto es por un sistema de lealtades, una historia común y una maquinaria de gestión que se percibe como un todo cohesionado. Su base es sólida, predecible y corporativa.

La cultura política de la oposición es su antítesis. Su votante ha sido un peregrino en un desierto de sellos cambiantes. Su identidad central, inmutable, es el antiperonismo. Pero el vehículo para expresar esa identidad ha transmutado con el tiempo: fue la Unión Cívica Radical como partido histórico; luego se sintió interpelado por el PRO de Macri como una nueva promesa de gestión; se formalizó en la alianza pragmática de Juntos por el Cambio y, hoy, una porción masiva de ese electorado adopta al libertarismo como la herramienta más eficaz y potente para enfrentar al peronismo. Este nomadismo político ha erosionado fatalmente la lealtad a cualquier marca nacional. Al ser los sellos percibidos como transitorios y funcionales, el votante ancla su confianza en lo único que le ha resultado estable: el referente local. El concejal de su pueblo es una figura tangible, conocida y permanente, cuya identidad no cambia con las alianzas que se tejen en La Plata o Buenos Aires. La fuga de votos es, entonces, el resultado de una confianza que se deposita en la persona, pero que se retira cuando la boleta exige lealtad a una estructura partidaria lejana, abstracta y, sobre todo, cambiante.

2025: El Gran Laboratorio de la Unificación

Es aquí donde la elección nacional de octubre se convierte en un fascinante laboratorio. Al no haber candidaturas locales que fragmenten el voto, funcionará como una gran primaria de facto para todo el bloque opositor. El clivaje antiperonista actuará como un poderoso imán, impulsando al votante nómada a unificarse tácticamente detrás de la boleta de La Libertad Avanza. El potencial real de Milei en Bolívar no son, por tanto, sus 4.173 votos iniciales; es la totalidad de ese bloque latente de 11.858.

Un resultado favorable donde LLA logre capitalizar la mayor parte de ese caudal tendría consecuencias tectónicas para la política local. Primero, convertiría la teoría del "sumados, somos más" en un dato empírico irrefutable. Segundo, instalaría en el imaginario colectivo la idea de que la hegemonía de Fuerza Patria no es invencible, rompiendo la inercia psicológica del "siempre ganan ellos" y generando un impulso crucial para 2027. Tercero, un resultado contundente posicionaría a La Libertad Avanza como el actor principal con la potestad de liderar una futura coalición, resolviendo la histórica disputa por la conducción en el campo opositor.

Sin embargo, el desafío de Milei no es solo sumar adhesiones, sino contener la fuga. El éxito de su propuesta dependerá de su habilidad para convencer a esos 2.263 votantes críticos de que su proyecto no es solo otra estación de paso, sino un destino. La transferencia no puede basarse en la simple inercia antiperonista; debe construir un puente de sentido y demostrar que es, finalmente, un hogar político estable.

La Batalla Final: De la Aritmética a la Política

Por todo esto, la elección de octubre trasciende su propio resultado. Es un ensayo general para la batalla final: la intendencia en 2027. Será la prueba empírica para saber si el voto no peronista, en su máxima expresión, puede consolidarse en una mayoría real. Pero la lección más profunda será para la propia oposición. El dato de la fuga de votos les grita que su fuerza no reside en los sellos nacionales, sino en la legitimidad de sus referentes municipales. Para ganar en 2027, no bastará con colgarse de una figura presidencial en auge. Necesitarán superar su histórica fragmentación y construir una síntesis local: un proyecto y un candidato a intendente que genere la confianza necesaria para darle, finalmente, un ancla a ese votante nómada y garantizar que, esta vez, ninguno de esos votos cruciales se vuelva a perder en el camino.


 
 
 

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