Crónica del Desmantelamiento de la UCR en la Provincia de Buenos Aires
- R. D'Alessandro
- 2 oct
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Actualizado: 5 oct
Informe Especial | Política

La política, despojada de su liturgia, es un juego de números. Y los números del 7 de septiembre de 2025 para la Unión Cívica Radical no admiten matices: 149 concejales y 12 legisladores provinciales perdidos en una sola elección. Estas no son las cifras de una mala noche electoral; son las coordenadas de un derrumbe estructural. Lo que ocurrió no fue una derrota, sino la certificación de un realineamiento político que se gestó durante cuatro décadas y culminó con el desmantelamiento del último bastión territorial de un partido que inauguró la democracia moderna en Argentina. El colapso en la Provincia de Buenos Aires, su cuna histórica y el distrito más crucial del país, no fue un accidente, sino la crónica de un final anunciado, la consecuencia acumulativa de fracasos sistémicos en los planos económico, estratégico e ideológico.
El Veredicto de 2025: La Certificación del Colapso
La contienda electoral de 2025 se desarrolló en un escenario de polarización extrema entre la coalición peronista gobernante, "Fuerza Patria", y la alianza libertaria "La Libertad Avanza", alineada con el gobierno nacional. En este nuevo mapa de poder, la UCR y los restos de Juntos por el Cambio se agruparon en una construcción política llamada "Somos Buenos Aires", un intento de ocupar un centro moderado que, en la práctica, nadie reclamaba.
El desempeño fue catastrófico. La coalición "Somos Buenos Aires" obtuvo apenas un 5.29% de los votos a nivel provincial, finalizando en un lejano tercer lugar. En contraste, Fuerza Patria se alzó con un 47.18% y La Libertad Avanza se consolidó como la segunda fuerza indiscutible con el 33.77%. Estos resultados confirmaron la marginación definitiva del radicalismo, atrapado en un sistema donde el espacio no peronista ha sido usurpado por una nueva derecha.
El epicentro del sismo fue la estrategia misma de "Somos Buenos Aires", una construcción que, bajo el eufemismo de la "amplitud", escondía una lógica suicida. Al intentar sumar peronistas disidentes y otros fragmentos políticos, el radicalismo se licuó, perdiendo su identidad y su único activo real: los votos. El mensaje de las urnas fue brutal: en bastiones históricos como Tandil y Lincoln, los resultados relegaron a la coalición a un humillante tercer puesto.
La debacle se replicó con una virulencia aún mayor a nivel municipal, el ecosistema donde el partido había logrado sobrevivir gracias a su histórica maquinaria territorial. En centros urbanos clave como La Plata, Campana y Pilar, la coalición radical no obtuvo ni una sola concejalía.
La Autopsia de la Decadencia: Los Cuatro Fracasos Capitales
El veredicto de 2025 es inequívoco, pero sus causas son profundas y se extienden a lo largo de las últimas cuatro décadas. La crisis que hoy enfrenta la UCR es el resultado de una cadena de fracasos que se retroalimentaron hasta provocar la falla sistémica. El análisis de esta decadencia se puede articular en cuatro ejes interconectados:
Fracaso Económico: En el imaginario colectivo argentino, el radicalismo quedó indeleblemente asociado a la incompetencia económica. Los gobiernos de Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa, aunque llegaron al poder con un mandato de regeneración institucional, se vieron superados por crisis económicas heredadas que no supieron gestionar. Las dos salidas presidenciales anticipadas forjaron una percepción de incapacidad que el partido nunca pudo revertir.
Fracaso Estratégico: Acorralado por su debilidad, el partido adoptó una estrategia de supervivencia basada en pactos y alianzas que resultaron desastrosos a largo plazo. El Pacto de Olivos en 1993 fue el primer gran error de cálculo, legitimando el proyecto de su adversario a cambio de reformas que no alteraron el fondo del poder. La alianza Cambiemos en 2015 fue la culminación de esta lógica: para volver al gobierno, la UCR aceptó un rol de subordinación, prestando su estructura a un proyecto que no lideraba. En cada caso, se sacrificó la identidad a cambio de beneficios tácticos inmediatos.
Fracaso Ideológico: Como consecuencia directa de lo anterior, la UCR sufrió una profunda erosión de su identidad. El partido que en 1983 encarnaba un proyecto socialdemócrata, republicano y popular se fue desdibujando hasta convertirse en una fuerza definida únicamente por su oposición al peronismo. Esta ambigüedad ideológica no solo alienó a su base histórica, sino que lo dejó sin un anclaje claro en un electorado cada vez más polarizado.
Fracaso Electoral: La sangría de votos fue la consecuencia final de esta acumulación de fallas. La pérdida de confianza vació primero su representación nacional y, finalmente, desmanteló su último reducto: el poder territorial bonaerense. Antes del colapso de 2025, la coalición Juntos por el Cambio (que integraba la UCR) contaba con 38 diputados y 20 senadores provinciales en 2023, consolidándose como la principal fuerza de oposición. La pérdida de 12 de los 14 escaños que ponía en juego en la legislatura es la medida numérica de este fracaso final.
El Territorio Perdido y la Orfandad Política
El colapso del poder legislativo provincial tiene consecuencias tangibles e inmediatas. Significa resignar la capacidad de negociación en comisiones clave, la influencia en la designación de jueces y funcionarios, y el poder para condicionar el presupuesto provincial. Para los intendentes radicales en funciones, la derrota legislativa de su partido los deja en una situación de orfandad política, obligados a negociar desde una posición de extrema debilidad frente a un gobierno provincial fortalecido.
Este fenómeno es la culminación de la "nacionalización" de la política local. Los bastiones municipales, que antes parecían inmunes a las crisis nacionales, ya no pudieron resistir el efecto de las debacles del partido a nivel nacional. Las crisis de 1989 y 2001, junto con la dilución de identidad provocada por las alianzas, terminaron por desmantelar la maquinaria local. El votante comenzó a sufragar en clave nacional, guiado por la polarización y no por lealtades partidarias locales.
A nivel de distritos como Bolívar, el temblor se siente con fuerza. Un radicalismo provincial debilitado es una pésima noticia para cualquier estructura distrital que dependa de articulaciones y alianzas que se deciden en La Plata. La dinámica del poder local se altera, la oposición se reconfigura y el oficialismo encuentra un contendiente menos en el tablero.
La Encrucijada Existencial
La pregunta que resuena en los pasillos del Comité Provincia ya no es quién será el próximo presidente, sino si todavía hay un partido que presidir. La Unión Cívica Radical se enfrenta a una encrucijada existencial. El camino recorrido en las últimas cuatro décadas la ha llevado a su estado actual de postración.
Frente a sí tiene dos opciones. Puede aceptar su nuevo rol como un partido testimonial, una fuerza menor con influencia regional que sobrevive proveyendo estructura a coaliciones más amplias, pero sin ninguna aspiración de liderazgo real. O puede intentar un proceso de reinvención, una tarea titánica que exige una profunda autocrítica y la formulación de un nuevo proyecto ideológico capaz de interpelar a la sociedad del siglo XXI.
Sin este esfuerzo refundacional, el partido que fue sinónimo del nacimiento de la democracia argentina corre el riesgo cierto de convertirse en lo que los números de 2025 ya sugieren: una mera reliquia del pasado, un capítulo cerrado en los libros de historia.







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