Fuego Amigo y Oportunismo Opositor
- R. D'Alessandro
- 23 ago
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La filtración de los audios que revelan una presunta trama de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad no fue una casualidad. Fue una operación política de precisión quirúrgica, detonada en el momento de máxima vulnerabilidad del gobierno de Javier Milei. El análisis de los hechos apunta a una convergencia de intereses: una feroz guerra interna en el oficialismo y la astucia de una oposición
que supo capitalizar el caos.
El escándalo que ha puesto en jaque la narrativa "anticasta" del presidente Javier Milei no surgió de la nada. La divulgación de los audios en los que el entonces director de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), Diego Spagnuolo, detalla un presunto esquema de sobornos que salpica al círculo más íntimo del poder, fue un acto calculado. La pregunta clave no es solo qué se dijo, sino quién lo filtró y, sobre todo, por qué eligieron hacerlo en ese preciso instante.
La respuesta se encuentra en la perfecta sincronía de los acontecimientos. Los audios se viralizaron el mismo día en que la Cámara de Diputados asestaba una contundente derrota política al gobierno al rechazar el veto presidencial a la Ley de Emergencia en Discapacidad. Esta coincidencia, demasiado exacta para ser azarosa, creó una tormenta perfecta. Mientras el Congreso acusaba al oficialismo de insensibilidad por ajustar a uno de los sectores más vulnerables, los medios exponían cómo, presuntamente, ese mismo gobierno se enriquecía a costa de ellos. La operación logró fusionar dos relatos letales: el del ajuste cruel y el de la corrupción sistémica.
¿Quién Apretó el Gatillo?
Determinar el origen exacto de la filtración es complejo, pero el tablero político revela tres actores con motivos y capacidad para hacerlo. Estas hipótesis, lejos de ser excluyentes, probablemente se entrelazan para explicar la detonación del escándalo.

La explicación más resonante en los pasillos del poder apunta a una feroz disputa interna. El gobierno de Milei, carente de las estructuras de un partido tradicional, procesa sus conflictos de poder a través de operaciones de inteligencia y filtraciones a la prensa. Fuentes periodísticas señalan una tensión constante entre el ala liderada por la Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, y sus aliados, los hermanos Menem, y otras facciones, como la que responde al asesor estratégico Santiago Caputo o a la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien mantenía una relación cercana con el propio Spagnuolo.
En este escenario, los audios de Spagnuolo —un hombre de confianza del Presidente, siendo una de las cuatro personas que más lo visitó en Olivos — se convirtieron en un misil. La filtración pudo ser un golpe de una facción para desplazar a rivales, ganar control sobre "cajas" clave del Estado o simplemente ajustar cuentas. Las propias palabras de Spagnuolo, quejándose de que le impusieron a un funcionario para manejar sus fondos, no son las de un ajeno, sino las de un actor inmerso en una batalla por cuotas de poder.
La oposición, especialmente el kirchnerismo, vio una oportunidad de oro y actuó con celeridad. No es un dato menor que el abogado Gregorio Dalbón, conocido por representar a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, fuera el primero en judicializar el caso, presentando una denuncia penal por cohecho y administración fraudulenta.
La propia Cristina Kirchner no tardó en capitalizar políticamente el escándalo. A través de sus redes sociales, trazó un paralelismo directo con la "doctrina Vialidad" que se usó para condenarla, apuntando directamente a la responsabilidad del presidente Milei por los actos de su hermana. Esta rápida y contundente instrumentalización del caso sugiere que, si no orquestaron la filtración, estaban preparados y listos para amplificarla y llevarla al terreno judicial y mediático con máxima eficacia.
Una tercera hipótesis se centra en el propio Diego Spagnuolo. Sintiéndose traicionado, desplazado en la interna o temiendo convertirse en el único chivo expiatorio de la trama, es posible que él mismo orquestara la difusión de los audios como un "seguro de vida" o un acto de revancha. Su insistencia en las grabaciones de que había advertido personalmente al presidente Milei —"Yo fui y le dije 'Javier, yo estoy denunciando todo el choreo...'" — puede interpretarse como un intento de construir una coartada y enviar un mensaje claro: no pensaba caer solo.
Una Convergencia de Intereses
La explicación más plausible no reside en una única fuente, sino en una convergencia estratégica de intereses. Es altamente probable que la información surgiera de las entrañas del poder, producto de la guerra de facciones ("fuego amigo"). Sin embargo, esa información fue canalizada, de forma deliberada o por oportunismo, hacia operadores y medios de comunicación afines a la oposición.
Este segundo grupo poseía la capacidad, la experiencia y la voluntad política para darle al escándalo la máxima visibilidad, coordinar su explosión con el debate parlamentario y judicializarlo de manera inmediata y efectiva. Así, el propósito de la filtración fue doble: para la fuente interna, el objetivo era ganar una batalla de poder; para la oposición, era asestar un golpe devastador al gobierno en su conjunto, atacando su principal activo y línea de flotación: la promesa de honestidad y la lucha contra la "casta".
El escándalo ANDIS, por lo tanto, es mucho más que un caso de corrupción. Es la manifestación pública de las brutales dinámicas de poder que operan tras bambalinas en el gobierno libertario y la prueba de que, en la política argentina, la información es el arma más poderosa. Quien la filtró buscaba un objetivo específico, pero al hacerlo, abrió una caja de Pandora que amenaza con consumir la credibilidad de la administración Milei.





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