Kicillof en el Corazón de la Provincia
- I. Montes
- 14 ago
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Actualizado: 20 ago
El campo político, nos enseñó Pierre Bourdieu, es un espacio de lucha por la imposición de una visión legítima del mundo. Lo que hemos presenciado durante la última semana en la Séptima Sección Electoral de la provincia de Buenos Aires no es simplemente una gira de campaña; es una clase magistral sobre la disputa por esa legitimidad, escenificada a través del despliegue estratégico del capital estatal. La visita del gobernador Axel Kicillof a Azul y Olavarría, epicentros productivos y simbólicos de la sección, debe leerse más allá del corte de cintas y la entrega de ambulancias. Representa la movilización del aparato provincial como herramienta para construir una frontera política y simbólica contra un adversario que, aunque ausente físicamente en el territorio, define todas las jugadas: el gobierno nacional de Javier Milei.

La estrategia es clara y se aleja de la sutileza. Mientras la obra pública nacional se encuentra paralizada y el discurso oficial se concentra en la macroeconomía y el ajuste fiscal, Kicillof responde con una materialidad abrumadora: un laboratorio hospitalario, viviendas, escrituras, una Casa de la Provincia. Cada acto de
gestión no es solo una solución a una demanda local, sino una performance del "Estado presente". Se trata de una acumulación acelerada de capital político y simbólico en el territorio. Kicillof no solo "baja" recursos; transfiere a los intendentes y candidatos de Fuerza Patria un poder tangible y, sobre todo, una narrativa de eficacia que contrasta con la parálisis o la austeridad que atribuyen a su adversario.
El discurso que acompañó estas acciones lo confirma: "El 7 de septiembre tenemos una oportunidad de oro para frenar las políticas del gobierno de Javier Milei". Esta frase, repetida como un mantra, busca nacionalizar la elección seccional, transformándola en un plebiscito. En este tablero, los intendentes como Nelson Sombra (Azul) y Maximiliano Wesner (Olavarría) no son solo gestores locales, sino que son reposicionados como los lugartenientes de un modelo de provincia en pugna con el modelo de país. Su capital político individual, forjado en la gestión cotidiana de sus municipios, queda ahora subsumido y, a la vez, potenciado por una disputa de mayor escala. Ellos se convierten en la prueba viviente de la tesis del gobernador: la alineación con la provincia produce resultados visibles.
Esta estrategia, sin embargo, no está exenta de tensiones estructurales. El esfuerzo inversor de la provincia ocurre en un contexto de finanzas frágiles. La reciente transferencia de $14.500 millones a ABSA para garantizar la operatividad del servicio de agua no es un dato menor; es un indicador de la presión constante sobre la caja provincial para sostener servicios básicos y evitar que la conflictividad social (una canilla seca tiene más poder erosivo que mil discursos) desborde la estrategia electoral. Lo mismo ocurre con la paritaria docente. La oferta de un aumento del 5% en dos tramos es un intento de equilibrio precario: busca desactivar un conflicto con un sector con alta capacidad de movilización sin quebrar las cuentas. El éxito o fracaso de esta negociación definirá en gran medida el "clima" social en el que se desenvolverá el último tramo de la campaña. Un paro docente podría perforar el blindaje de la "gestión eficiente" que el oficialismo busca construir.
En este marco, la posición de actores como el intendente de Bolívar y candidato a senador, Marcos Pisano, es particularmente interesante. Aunque no fue el anfitrión directo de la gira, es uno de sus principales beneficiarios. La inversión de capital político realizada por Kicillof en el corazón de la Séptima riega directamente su candidatura. Le permite trascender el debate puramente local y montar su propia postulación sobre una estructura narrativa provincial. Su desafío, y el de su socio político Eduardo Bucca, será capitalizar esta ofensiva sin quedar opacado por ella; traducir el "efecto Kicillof" en votos personales y consolidar a Fuerza Patria como un espacio con identidad propia. Pero un creciente cuestionamiento a la situación económico - financiera del municipio amenaza su campaña.

Mientras tanto, la oposición, nucleada en la alianza de La Libertad Avanza y el PRO, parece jugar a la contra. Su estrategia se basa menos en la construcción de una presencia territorial activa y más en la capitalización del descontento con la gestión del gobernador. No necesitan inaugurar obras si la inflación erosiona el poder de una inauguración. Su capital es, en cierto modo, un capital negativo: la bronca, la desilusión, la apatía hacia la política tradicional. La ausencia de una respuesta contundente y visible a la gira de Kicillof en la sección puede interpretarse de dos maneras: o como una debilidad táctica que cede la iniciativa, o como una confianza estratégica en que el malestar general es un motor electoral más potente que cualquier acción de gobierno provincial.
La batalla de la Séptima Sección, por lo tanto, es una lucha por la definición misma de lo que es "real". Para el oficialismo provincial, lo real son las 58 viviendas entregadas en Olavarría. Para la oposición, lo real es la inseguridad y los hechos violentos. Kicillof utiliza el Estado para materializar su proyecto y hacerlo visible, tangible, inaugurado. La oposición confía en que la realidad abstracta de la economía y la inseguridad se impondrá sobre la realidad concreta de la obra pública.
En definitiva, estamos ante un choque de estrategias de acumulación de capital. Kicillof invierte el capital económico del Estado para generar un capital simbólico (el Estado que hace) y político (votos). La oposición, por su parte, espera que la destrucción de capital económico en los bolsillos de los ciudadanos se traduzca, por sí sola, en un caudal de capital político a su favor. La elección del 7 de septiembre en la Séptima no será solo una contienda de nombres o partidos, sino una validación de cuál de estas dos formas de construir la realidad política resulta más eficaz en la compleja sociedad bonaerense.





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