La Libertad Ya No Avanza
- I. Montes
- 12 ago
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Actualizado: 13 ago
En el vertiginoso campo de la política argentina, la percepción de poder es, a menudo, el poder mismo. Un gobierno que se proyecta en una ofensiva perpetua, que construye su narrativa sobre la base de una voluntad inquebrantable, puede generar una inercia arrolladora. Sin embargo, ¿Qué sucede cuando la maquinaria detrás de esa proyección comienza a mostrar signos de fatiga? ¿Cuándo el motor, alimentado más por la furia discursiva que por combustible político real, amenaza con agarrotarse?
El gobierno de Javier Milei, que hizo de la disrupción su marca registrada, parece haber entrado en una fase de parálisis estratégica. La metáfora que mejor describe el momento actual, surgida del análisis de la coyuntura reciente, es la de un vehículo que "se queda sin nafta" a metros de una estación de servicio crucial: las elecciones de medio término. El objetivo era llegar con una inflación controlada y una renovada vitalidad política. Hoy, ambos indicadores parpadean en rojo.
Este agotamiento no es producto de un único evento, sino el resultado de una convergencia de debilidades en tres frentes interconectados: el parlamentario, el económico y el electoral. Analizar esta triple fragilidad es fundamental para comprender por qué la agenda gubernamental se encuentra, como nunca antes, empantanada.
El Laberinto Parlamentario: La Doble Derrota
La reciente actividad en la Cámara de Diputados es quizás el síntoma más elocuente de la pérdida de iniciativa del oficialismo. El problema ya no es solamente la incapacidad para sancionar las leyes propias, como se evidenció en los traspiés iniciales con la Ley Bases. El nuevo y más grave estadio de esta debilidad es lo que puede definirse como una "doble derrota": no solo el gobierno no logra imponer su agenda, sino que la oposición, cada vez más cohesionada en su pragmatismo, le impone la suya.
La caída de los decretos de Federico Sturzenegger y la aprobación de proyectos en contra de la voluntad expresa del Ejecutivo marcan un punto de inflexión. Demuestran que el capital político del Presidente, aunque formidable en el plano simbólico, es insuficiente para disciplinar a un Congreso fragmentado. La reacción, una cadena nacional de viernes, lejos de proyectar fortaleza, desnudó un vacío de ideas. Sin anuncios concretos, el evento se convirtió en un mero acto de reafirmación retórica, una performance que no alteró en absoluto la conversación pública ni las expectativas de los actores económicos. Su intrascendencia fue la prueba más fehaciente de su debilidad.
Más importante aún, el relato de la "casta traidora" comienza a agotarse. Cuando las derrotas se producían en el Senado, era posible señalar a figuras externas. Ahora, con los reveses en Diputados, la responsabilidad recae directamente en el núcleo duro del oficialismo: la presidencia de la cámara, a cargo de Martín Menem, y la operación política liderada por Karina Milei. El enemigo ya no está solo afuera; la ineficacia se ha vuelto un problema doméstico, carcomiendo el mito de la eficiencia arrolladora.
El Campo de Batalla Electoral: El Arma de Doble Filo del Ausentismo
Históricamente, el peronismo ha temido a la baja participación en sus bastiones. La estrategia libertaria parecía contar con este factor: un núcleo duro muy movilizado frente a un electorado opositor apático. Sin embargo, las encuestas que maneja el propio gobierno revelan un giro inesperado y peligroso. El ausentismo se perfila como un arma de doble filo.
El dato más alarmante para el oficialismo no es que el votante peronista no vaya a votar, sino que una porción de quienes lo apoyaron fervientemente en 2023 ahora considera quedarse en casa. La desilusión generada por el ajuste económico comienza a permear su propia base. El gobierno observa con preocupación cómo en la estratégica Tercera Sección Electoral de la Provincia de Buenos Aires no solo pierde por un amplio margen, sino que la participación en zonas donde necesita un alto rendimiento para compensar (como el interior provincial y la Primera Sección)
amenaza con ser baja.

Si el peronismo, con Verónica Magario en La Matanza, consolida una victoria contundente en el sur del conurbano, Milei necesita una cosecha extraordinaria de votos en otros distritos para ganar la provincia. Pero si sus propios votantes no acuden a las urnas, esa matemática se vuelve imposible. La aparición de nuevas fuerzas de centro en municipios clave como Pergamino, San Nicolás, Junín o Chivilcoy añade otra capa de complejidad, fragmentando un voto que el oficialismo necesita unificado. La baja de retenciones es un gesto desesperado para reavivar a ese electorado rural, pero la duda es si un solo gesto puede revertir meses de deterioro económico.
El Espejismo Económico: El Fin de la "Recuperación en V"
El tercer frente de debilidad es la economía real. La promesa de una "recuperación en V", ese rebote vigoroso tras la caída inicial, duró apenas un trimestre y en sectores muy específicos. Hoy, la realidad muestra un estancamiento persistente. El informe de la CAME, con una caída del consumo del 6% interanual en un mes que incluye el aguinaldo, es una fotografía brutal de la recesión.
Aquí se manifiesta una de las contradicciones centrales del plan: las herramientas para estabilizar una variable (el dólar) están asfixiando a otras (el consumo y la producción). La suba de tasas de interés, necesaria para contener la presión cambiaria, ha fulminado el incipiente "mini boom" del crédito. Las familias ya no pueden financiar compras en cuotas y las Pymes no pueden acceder a capital de trabajo. Los salarios, incluso los de los trabajadores registrados, siguen perdiendo la carrera contra la inflación, por no hablar de la situación de informales y empleados públicos.
Sin consumo, sin crédito y con una inversión que llega a cuentagotas (a pesar de anuncios grandilocuentes como el del RIGI), la pregunta sobre cuál será el motor del crecimiento queda sin respuesta. El cepo, que sigue vigente para las empresas, actúa como un freno adicional para la llegada de capitales que esperan reglas de juego más claras y la posibilidad de girar utilidades.
Conclusión: La Inercia No Es Estrategia
La situación se agrava por las señales que emite el "círculo rojo". La articulación de un grupo de gobernadores de centro, representantes de las economías más dinámicas del país (agronegocios, minería, petróleo), sugiere la búsqueda de un "Plan B". El hecho de que una multinacional como Dreyfus deba levantar el teléfono para presionar directamente a diputados por un decreto evidencia una alarmante falta de confianza en la capacidad de los operadores del gobierno. El poder real se mueve por canales propios, dejando en evidencia la fragilidad del intermediario político.
El gobierno de Milei se encuentra atrapado en un círculo vicioso: la debilidad política en el Congreso le impide avanzar con su agenda, lo que agudiza los problemas económicos. Este deterioro económico, a su vez, erosiona su base electoral y su apoyo en el establishment, lo que reduce aún más su capital político para negociar.
El motor no solo está perdiendo combustible, parece estructuralmente agarrotado. La furia y la performance que fueron funcionales para llegar al poder se demuestran insuficientes para gobernar. La inercia ya no alcanza. Los próximos meses definirán si Milei es capaz de encontrar una nueva mecánica política y económica o si, por el contrario, su gobierno se convertirá en la crónica de un impulso que se agotó mucho antes de llegar a destino.






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