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La Crisis Fiscal que Define la Candidatura de Pisano

  • I. Montes
  • 23 ago
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 24 ago

En la arena política, la narrativa es el campo de batalla decisivo. Una candidatura se construye sobre un relato de éxito, una promesa de futuro anclada en un presente de gestión consolidada. Sin embargo, cuando la realidad fiscal irrumpe con la fuerza de un evento disruptivo, el andamiaje discursivo se resquebraja. Este es el escenario que enfrenta Marcos Pisano, cuya aspiración a un escaño en el Senado provincial se ve directamente confrontada por una crisis financiera estructural en el municipio que gobierna, Bolívar. Su proyecto político se encuentra hoy atrapado en una contradicción fundamental: la búsqueda de una proyección personal a nivel provincial mientras la administración local se asoma a un riesgo operativo inminente y a la parálisis de la inversión.

La crisis ha dejado de ser un secreto contable para convertirse en un arma electoral de alto calibre. La oposición, liderada en el Concejo Deliberante por la UCR, ha encontrado la munición perfecta para deconstruir el relato oficialista. Con un simple pero fundamentado pedido de informes, el concejal Pablo Fabris instala una narrativa devastadora: la de la "irresponsabilidad y el desgobierno". Al poner sobre la mesa una deuda con proveedores que ya supera los 1.500 millones de pesos y un déficit en constante crecimiento, la oposición logra enmarcar la candidatura de Pisano no como una progresión lógica, sino como una "fuga hacia adelante"; un intento de abandonar un barco con serios problemas de solvencia antes del naufragio inevitable.

El análisis técnico del especialista Claudio Esposito confirma que no se trata de una mera operación política, sino de un problema estructural profundo. Según sus datos, el municipio ha "canibalizado su futuro" para sostener un presente insostenible, principalmente en el gasto corriente. Que el 58% del presupuesto anual se haya consumido en personal durante el primer semestre es más que una cifra; es la radiografía de un modelo de gestión agotado. El correlato de esta decisión es la parálisis casi total de la inversión: la ejecución de obras públicas apenas alcanza un anémico 16.1%. El impacto de este desequilibrio no es abstracto, sino que golpea directamente en la vida de los ciudadanos. El incumplimiento sistemático en programas sociales clave —desde becas estudiantiles y ayuda habitacional hasta asistencia alimentaria— expone un contraste insalvable entre el discurso de campaña y los hechos verificables. La gestión, como apunta Esposito, parece más enfocada en "esconder el elefante" y mantener una fachada de normalidad que en abordar las causas de la enfermedad.

Este panorama sumerge al votante de Bolívar en una encrucijada perversa, un dilema que lo obliga a elegir entre dos opciones que, en esencia, representan distintas formas del mismo fracaso. Por un lado, se enfrenta a la evidencia de un oficialismo cuyo modelo de Estado municipal se revela ineficiente, deficitario y paralizado, incapaz de cumplir con sus funciones más elementales. Por otro, la alternativa opositora se alinea con el discurso nacional de la "motosierra", una promesa de ajuste drástico que, si bien diagnostica correctamente el despilfarro, no ofrece ninguna garantía de una solución socialmente sostenible. El ciudadano se ve forzado a optar entre la agonía de la ineficiencia clientelar que lo condujo a esta crisis o una cirugía mayor sin anestesia que amenaza con destruir tejido social sano junto al enfermo. Ninguna de las dos propuestas articula un proyecto de futuro; son, en última instancia, la administración de una decadencia anunciada.

El resultado de la contienda electoral por la banca senatorial trasciende la carrera personal de Pisano; definirá la capacidad misma de Bolívar para navegar la tormenta financiera que se avecina. Una derrota del intendente en las urnas tendría consecuencias directas y severas sobre la gobernabilidad del distrito. Si la sección electoral es ganada por la oposición y Pisano no obtiene su escaño, el municipio quedaría en una posición de extrema vulnerabilidad política y financiera. Sin un senador propio que funcione como interlocutor privilegiado y canalizador de recursos ante el gobierno provincial, la capacidad de lobby para obtener asistencia extraordinaria se vería reducida a su mínima expresión.

Bolívar se vería forzado a negociar desde la más absoluta debilidad con un gobierno provincial que, aunque comparte el signo político general, tendría pocos incentivos para rescatar a una gestión local debilitada y sin representación legislativa seccional. En este escenario, la ayuda, de llegar, estaría sujeta a fuertes condicionamientos políticos, transformando cada transferencia de fondos en una herramienta de presión y control.

Además, la capacidad del gobernador Axel Kicillof para acudir al rescate es, en sí misma, limitada y políticamente compleja. La Provincia de Buenos Aires atraviesa su propia crisis de financiamiento, exacerbada por el corte total de fondos discrecionales por parte del gobierno nacional. Cada peso destinado a un municipio es un recurso que se detrae de otra área igualmente crítica. Un auxilio financiero a Bolívar no sería, por tanto, una decisión automática. Kicillof debería sopesar el alto costo político de salvar a un intendente que no logró asegurar la banca senatorial, un movimiento con escaso rédito político. La asistencia a los municipios se volverá, por necesidad, más selectiva y condicionada. Cualquier ayuda estaría, muy probablemente, atada a un alineamiento total y a un plan de ajuste fiscal monitoreado directamente desde La Plata, lo que erosionaría de facto la autonomía municipal.

En definitiva, si Pisano pierde la elección, Bolívar no puede esperar una ayuda provincial generosa e incondicional. Lo más probable es que reciba una asistencia mínima, apenas la indispensable para evitar el colapso de los servicios básicos, pero a cambio de una subordinación política y un ajuste severo. El elefante, que durante tanto tiempo fue ignorado en la habitación, ahora amenaza no solo con derrumbar el precario escenario municipal, sino con condicionar todo el futuro político y financiero de la comunidad.


 
 
 

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