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Milei Gana Tiempo con un Feroz Ajuste Monetario Mientras Crece el Fantasma de la Devaluación

  • C. Esposito
  • 19 ago
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 23 ago

19 de agosto de 2025- La economía argentina transita sobre el filo de una navaja. Por un lado, el Gobierno exhibe con orgullo los trofeos de una batalla que parece estar ganando: superávit fiscal y comercial por meses consecutivos y una inflación mensual que, con un 1,9% en julio, se mantiene por debajo del umbral psicológico del 2%. Es la fachada de un programa de estabilización que, en la superficie, muestra orden y control.   

Sin embargo, bajo esta aparente calma, las placas tectónicas de la macroeconomía crujen con una fuerza creciente. Una crisis de liquidez, desatada a mediados de agosto por una fallida licitación de deuda del Tesoro, obligó al Banco Central a una intervención de emergencia, sacando del mercado una "aspiradora de pesos" para evitar un colapso del tipo de cambio. La medida funcionó, pero a un costo altísimo: un severo torniquete al crédito que amenaza con asfixiar la ya debilitada actividad económica.   

El mercado, en su veredicto diario, ya no debate si habrá una devaluación, sino cuándo y cómo se producirá. La pregunta que resuena en cada oficina de la City porteña es si el Gobierno logrará pilotear una corrección controlada o si las presiones acumuladas terminarán forzando un ajuste desordenado.

La Paradoja de los "Superávits Gemelos"

El ancla del programa económico ha sido el superávit fiscal, con un resultado financiero positivo de $551.234 millones en junio. Este logro, que rompe con décadas de déficits crónicos, se complementa con 19 meses consecutivos de superávit comercial. No obstante, ambos pilares muestran fisuras.   

El superávit fiscal depende peligrosamente de los impuestos a las exportaciones, que crecieron un 43,8% en términos reales en julio gracias a una liquidación récord del agro. Del lado del gasto, se sostiene sobre drásticos recortes en subsidios y transferencias a provincias, cuya sostenibilidad política es un interrogante.   

Más preocupante aún es la dinámica del comercio exterior. Aunque el superávit se mantiene, se ha erosionado a un ritmo alarmante: el saldo del primer semestre de 2025 fue casi cuatro veces menor que el del mismo período del año anterior. La causa es un fenómeno que los economistas llaman "atraso cambiario". Con una inflación interna que supera con creces la tasa de depreciación controlada del peso, los productos argentinos se encarecen para el mundo y los importados se abaratan para los argentinos. "Abrir la economía con un atraso cambiario no es una buena combinación, porque el atraso hace que la cancha esté desnivelada", advierte un reciente informe de la consultora LCG.   

El Detonante: Una Montaña de Pesos sin Destino

La tensión latente se convirtió en crisis aguda a mediados de agosto. El Tesoro enfrentaba vencimientos de deuda por casi $15 billones, pero solo logró refinanciar $9,1 billones. De la noche a la mañana, una masa de $5,7 billones de pesos quedó sin absorber, buscando refugio. En Argentina, ese refugio tiene un solo nombre: dólar.   

El resultado fue inmediato. La brecha entre el tipo de cambio oficial y los paralelos, que en mayo había llegado a ser negativa, se reabrió con violencia. El dólar oficial se mantuvo en torno a los $1.310, pero el "blue" y el MEP se dispararon, llegando a tocar picos cercanos a los $1.380.   

La Respuesta: "Secar la Plaza" a Cualquier Costo

La reacción oficial fue contundente y desesperada. A través de la comunicación A 8302, el Banco Central dispuso un fuerte aumento de los encajes bancarios, obligando a las entidades a inmovilizar una mayor porción de los depósitos. En paralelo, el Ministerio de Economía anunció una nueva "megalicitación" de deuda para "aspirar" los pesos sobrantes.   

El objetivo, según admitió el propio ministro Luis Caputo, es "no dejar que vayan pesos al mercado". La estrategia ha logrado, por ahora, calmar la volatilidad cambiaria. Pero el costo es una brutal contracción del crédito. Las tasas de interés para las empresas se dispararon, con el costo de los adelantos en cuenta corriente subiendo 26 puntos porcentuales en un mes. Se está sacrificando la recuperación económica, proyectada en un 5% para 2025, en el altar de la estabilidad cambiaria de corto plazo.   

El Impacto en el Interior: El Caso de Bolívar

Lejos de los vaivenes de la City, ¿cómo se sentiría una devaluación en el corazón productivo del país? El caso de San Carlos de Bolívar, un partido bonaerense cuya economía se sustenta en el campo, ofrece un claro ejemplo del impacto asimétrico que tendría un salto cambiario.

Para el sector agropecuario, motor de la economía bolivarense, una devaluación sería, en principio, una bocanada de aire fresco. Los productores de ganado y granos como la soja y el maíz, cuyos precios se fijan en dólares, verían multiplicados sus ingresos en pesos, mejorando drásticamente su rentabilidad. Esto podría incentivar nuevas inversiones en tecnología y producción.

Sin embargo, la otra cara de la moneda sería mucho más amarga para el resto de la comunidad. Incluso los productores agropecuarios enfrentarían un aumento en los costos de insumos clave como fertilizantes y maquinaria, que están atados al dólar. Para el resto de la población, el impacto sería directo y negativo. El inevitable traslado a precios de la devaluación golpearía el poder adquisitivo de los salarios, afectando el consumo en comercios y servicios locales. La incipiente industria local, como la del calzado, se vería atrapada entre el encarecimiento de sus insumos y una demanda interna en caída. En esencia, una devaluación provocaría una fuerte transferencia de ingresos desde los trabajadores y comerciantes urbanos hacia el sector agroexportador, agudizando las tensiones económicas dentro de la propia comunidad.

El Veredicto del Mercado

El equilibrio actual es inestable. Las reservas netas del Banco Central siguen en niveles críticamente bajos —estimadas en terreno negativo por consultoras privadas—, lo que deja a la autoridad monetaria con un poder de fuego muy limitado para defender el peso de forma sostenida.   

El mercado ya descuenta una corrección. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que realiza el propio BCRA proyecta un dólar oficial de $1.405 para diciembre, muy por encima de los $1.310 actuales. La probabilidad de que el Gobierno se vea forzado a convalidar un salto cambiario controlado en los próximos meses es alta. La alternativa es una defensa costosa que agudizaría la recesión y solo pospondría un ajuste que, más tarde, podría ser mucho más caótico. La calma de hoy se ha comprado a crédito, y la factura, tarde o temprano, llegará.   

 
 
 

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