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Baja de Retenciones: El Campo de Bolívar Recibe un Impulso Millonario con Efectos Desiguales

  • C. Esposito
  • 27 jul
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 8 ago

San Carlos de Bolívar, Buenos Aires. El anuncio presidencial de una reducción "permanente" de los derechos de exportación a la soja genera un beneficio directo de US$52 por hectárea en la región. Si bien la medida es celebrada por todos, su impacto real varía drásticamente según la escala del productor, amenazando con acelerar la concentración de tierras y agudizar la brecha económica en un partido que ya perdió más de la mitad de sus explotaciones en 30 años.

El 26 de julio de 2025, el presidente Javier Milei eligió un escenario de alto contenido simbólico, la Exposición Rural de Palermo, para anunciar una medida largamente esperada por el sector agropecuario: una significativa y "permanente" reducción de los derechos de exportación (DEX). Para el complejo sojero, motor de la agricultura local, la alícuota del poroto se redujo del 33% al 26%, y la de sus subproductos del 31% al 24.5%. Esta decisión, justificada por el gobierno como un impulso necesario para el sector más productivo de la economía, se traduce en un beneficio tangible e inmediato para los productores de Bolívar, pero sus efectos a largo plazo prometen ser complejos y desiguales.

El análisis cuantitativo es claro: la rebaja de 7 puntos porcentuales representa un ingreso bruto adicional de aproximadamente $23,905 pesos por tonelada de soja vendida, lo que equivale a US$18.68 por tonelada. Considerando un rendimiento conservador de 2.8 toneladas por hectárea para la zona de la Pampa Deprimida a la que pertenece Bolívar, el beneficio directo se proyecta en US$52 por hectárea. Aunque esta inyección de capital es universalmente bienvenida, la estructura agraria del partido, marcada por una profunda concentración, determinará quiénes pueden capitalizar realmente esta oportunidad.

Un Distrito Transformado: De la Ganadería a la Soja Concentrada

Bolívar, ubicado estratégicamente en el centro de la provincia, es un distrito de perfil predominantemente ganadero, enmarcado en la región agroecológica de la Pampa Deprimida. Sus suelos, en su mayoría de aptitud mixta o ganadera, no impidieron una fuerte "agriculturización" impulsada por la rentabilidad de los granos en las últimas décadas.

Este proceso vino acompañado de una drástica transformación estructural. Entre 1988 y 2018, Bolívar experimentó un agudo proceso de concentración: el número de explotaciones agropecuarias (EAP) se desplomó en un 54%, mientras que la superficie promedio por explotación creció un 70%. Este fenómeno fue impulsado por la expansión de la soja, la siembra directa y el aumento del arrendamiento como principal forma de acceso a la tierra.

Hoy, la estructura de productores es muy diferente a la de hace treinta años:


  • Pequeños productores (hasta 100 ha): Pasaron de ser el 60.7% de las EAP en 1988 a solo el 29.8% en 2018.

  • Productores medianos (100 a 1,000 ha): Se consolidaron como el estrato mayoritario, creciendo del 36.3% al 57.5% de las EAP.

  • Grandes productores y empresas (> 1,000 ha): Aunque son una minoría (12.7%), cuadruplicaron su participación relativa desde 1988, cuando representaban solo el 3%.


El Impacto Real: Tres Realidades Diferentes

El beneficio de los US$52 extra por hectárea se distribuye de manera muy distinta entre estos estratos, generando implicaciones estratégicas divergentes.

1. Para los Pequeños Productores: Un Respiro Financiero Crucial Para un productor en el límite de esta categoría, con unas 150 hectáreas de soja, el ingreso adicional de US$7,845 es vital. No cambiará su escala productiva, pero representa una inyección de liquidez fundamental para cancelar deudas por insumos, cubrir gastos de subsistencia o realizar pequeñas reparaciones de maquinaria. Es una mejora en la resiliencia financiera, pero no altera su posición vulnerable en un contexto de alta concentración y crecientes costos de arrendamiento.

2. Para los Productores Medianos: La Oportunidad de Reinvertir Un productor mediano con 700 hectáreas de soja obtendría un ingreso bruto adicional de US$36,610. Esta suma es lo suficientemente significativa como para fortalecer su capacidad de reinversión estratégica. Puede destinarse a adoptar tecnologías de agricultura de precisión, renovar maquinaria clave o, fundamentalmente, servir como base para arrendar más superficie. Para este grupo, la medida optimiza su planificación y mejora su eficiencia competitiva.

3. Para los Grandes Operadores: Acelerador de la Consolidación En el estrato superior, una empresa agropecuaria que cultiva 5,000 hectáreas vería un incremento en sus ingresos brutos de US$261,500. A esta escala, el beneficio maximiza las ganancias y el apalancamiento financiero. Este capital adicional les permite negociar compras de insumos por volumen, optimizar la comercialización esperando mejores precios y acceder a mejores condiciones de crédito. Estratégicamente, son los mejor posicionados para capitalizar el carácter "permanente" de la política, liderando la demanda de tierras en el mercado de alquileres e invirtiendo en eslabones de la cadena como logística o procesamiento industrial, acelerando aún más la concentración.

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Desafíos Futuros: La Lucha por la Tierra

Si bien la política es universalmente beneficiosa en el corto plazo, el principal desafío estructural que agudiza es el previsible aumento en el costo de los arrendamientos agrícolas. La mayor rentabilidad esperada se internalizará en el mercado, y los propietarios de los campos ajustarán los precios al alza. Esto significa que, en ciclos futuros, una parte del beneficio dirigido al productor será transferido al dueño de la tierra, ejerciendo una presión enorme sobre los márgenes de quienes alquilan, especialmente los más pequeños.

El anuncio, realizado meses antes de la siembra, incentiva un aumento en la superficie de soja para la campaña 2025/2026. Sin embargo, esta expansión estará condicionada por la aptitud de los suelos de Bolívar, mayoritariamente mixtos, y por el costo de oportunidad de desplazar a la ganadería, una actividad de fuerte arraigo local.

En conclusión, la reducción de retenciones no crea una nueva dinámica, sino que actúa como un potente acelerador de tendencias preexistentes en Bolívar. La medida celebra la productividad del campo, pero al mismo tiempo intensifica la competencia por el recurso clave —la tierra—, acentuando la divergencia económica y planteando un futuro complejo para la estructura agraria del distrito.


 
 
 

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