Cuando Nada Termina Nunca: Una Lectura de 'Porsiemprismo' de Grafton Tanner
- Roberto D'Alessandro
- 6 sept
- 4 Min. de lectura
El futuro ha sido cancelado. O, para ser más precisos, ha sido reemplazado por un pasado infinito, curado algorítmicamente y empaquetado para su consumo perpetuo. Esta es la tesis central, tan simple como devastadora, que Grafton Tanner despliega en “PORSIEMPRISMO. Cuando nada termina nunca” (título original: The Hours Have Lost Their Clock: The Politics of Nostalgia). El libro no es una simple meditación sobre la nostalgia, ese anhelo agridulce por un ayer que nunca fue. Es un manual de diagnóstico para una patología temporal que define nuestra era: la sensación de estar atrapados en un bucle donde todo lo que fue puede volver a ser, pero nada nuevo puede nacer.
Tanner acuña el término "porsiemprismo" (foreverism) para describir una condición cultural y política donde el pasado ya no es un prólogo, sino el único guion disponible. Las plataformas de streaming no nos venden el futuro del cine; nos venden el catálogo completo de su historia. Las listas de reproducción de Spotify no anticipan el próximo gran género musical; nos permiten microsegmentar y revivir cada subcultura de las últimas seis décadas. Las franquicias de Hollywood no concluyen; se expanden en universos cinemáticos, precuelas y reboots que garantizan que el final nunca llegue.
Este fenómeno, argumenta Tanner, no es un accidente cultural, sino el resultado lógico de un sistema económico que ha encontrado en la nostalgia su materia prima más rentable. El capitalismo tardío, al agotar su capacidad de imaginar futuros deseables, ha redirigido su maquinaria hacia la minería de datos del pasado. La innovación ya no reside en la creación de lo nuevo, sino en la recombinación infinita de lo viejo. El algoritmo es el nuevo curador, y su objetivo no es desafiarnos, sino confortarnos con una familiaridad que adormece. Nos entrega exactamente la dosis de pasado que necesitamos para olvidar que el mañana es una página en blanco, o peor, una amenaza.
Pero el análisis de Tanner trasciende la crítica cultural para adentrarse en el terreno político, donde el "porsiemprismo" se convierte en un arma formidable. Los eslóganes como "Make America Great Again" o los discursos que apelan a una mítica edad de oro nacional no son meros recursos retóricos. Son la manifestación política de esta misma patología temporal. Venden una versión idealizada y sanitizada del pasado como solución a las ansiedades de un presente incierto y un futuro aterrador.
La nostalgia política, según Tanner, funciona porque explota una profunda necesidad humana de seguridad y pertenencia en tiempos de dislocación. Promete restaurar un orden perdido, una comunidad homogénea y una certeza moral que, en realidad, nunca existieron de esa forma. Es una estafa emocional que cortocircuita el debate racional sobre políticas públicas. ¿Para qué discutir complejas soluciones a la crisis climática, la desigualdad económica o la automatización del trabajo si se puede ofrecer el bálsamo de un retorno a "los buenos tiempos"? El pasado se convierte en un refugio, un lugar seguro al que huir de la complejidad del presente.
Lo que Tanner describe con una prosa clara y directa es la lógica de un sistema que nos ha vuelto adictos al retrovisor. El "porsiemprismo" genera un estado de parálisis. Si la cultura se dedica a reciclar y la política a restaurar, el concepto mismo de progreso se vuelve obsoleto, incluso sospechoso. La energía social que debería estar dirigida a la construcción de futuros alternativos se desvía hacia el mantenimiento de un presente perpetuo, obsesionado con sus propios fantasmas. En este sentido, el trabajo de Tanner dialoga directamente con el concepto de "hauntología" de Mark Fisher, la idea de que estamos "acosados" por los futuros perdidos que el siglo XX prometió pero que nunca llegaron.
El libro es una herramienta analítica fundamental porque conecta fenómenos aparentemente dispares —la interfaz de Netflix, un mitin político, el resurgimiento de la moda de los 90— bajo una misma lógica sistémica. Expone cómo la nostalgia, esa emoción aparentemente inofensiva y personal, ha sido instrumentalizada hasta convertirse en la ideología dominante de nuestra época. No es un anhelo por nuestro propio pasado individual, sino una sumisión colectiva a un pasado-como-servicio, una nube de datos históricos a la que estamos permanentemente conectados.
Quizás la mayor fortaleza de “PORSIEMPRISMO” es que nos obliga a confrontar una pregunta incómoda: ¿qué hemos perdido al dejar de imaginar el futuro? La respuesta implícita es que hemos perdido la capacidad de agencia. Al aceptar que las únicas opciones disponibles son variaciones de lo que ya conocemos, renunciamos a la posibilidad de crear algo radicalmente diferente. Nos convertimos en consumidores de tiempo en lugar de ser sus artífices.
Tanner no ofrece soluciones fáciles, y ese es uno de los méritos del libro. No hay un plan de cinco pasos para escapar del bucle. El primer paso, y el más crucial, es el diagnóstico. Entender el "porsiemprismo" es reconocer la prisión invisible en la que vivimos. Es un llamado a la conciencia crítica, a detectar los mecanismos por los cuales el pasado es utilizado para clausurar el porvenir. La obra de Grafton Tanner no es un libro sobre el pasado; es una advertencia urgente sobre la ausencia de futuro y la tiranía sutil de un presente que se niega a terminar.







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