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¿Puede un Algoritmo Despertarnos? La Paradoja de "Hipnocracia"

  • Foto del escritor: Roberto D'Alessandro
    Roberto D'Alessandro
  • 31 ago
  • 3 Min. de lectura

En un mercado editorial saturado de ensayos que diagnostican las patologías de la era digital, es fácil volverse cínico. La mayoría ofrece variaciones sobre un mismo tema: la tecnología nos distrae, los algoritmos nos manipulan, la democracia se erosiona. Son críticas necesarias, pero a menudo predecibles. Sin embargo, de vez en cuando, aparece una obra cuya verdadera genialidad no reside en lo que dice, sino en lo que es. Este es el caso de "Hipnocracia", un libro que no es un ensayo, sino un artefacto; no es una simple crítica, sino una brillante y perturbadora performance filosófica.


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La premisa, orquestada por el pensador italiano Andrea Colamedici, es tan audaz como reveladora: el texto fue generado por una Inteligencia Artificial a la que se le pidió que adoptara la personalidad de Jianwei Xun, un filósofo chino ficticio. El resultado es un libro que, en la superficie, ofrece aforismos y reflexiones sobre la parálisis de la voluntad en un mundo hiperconectado. Pero su verdadero mensaje no está en sus páginas, sino en su existencia. "Hipnocracia" es un caballo de Troya intelectual que utiliza la misma lógica algorítmica que critica para deconstruir nuestra relación con la autoridad, el conocimiento y la tecnología.

El primer gesto radical de la obra es la demolición del autor. La figura de Jianwei Xun es una parodia sutil y mordaz de la fascinación occidental por una supuesta sabiduría oriental, milenaria e incontaminada. Buscamos la guía de un maestro zen para escapar de nuestra jaula tecnológica, y Colamedici nos la entrega, solo que el "maestro" es un producto de esa misma jaula: un Large Language Model sin conciencia ni experiencia, un eco sofisticado de los textos con los que fue alimentado. La autoridad no emana de una vida de reflexión, sino de la capacidad de un software para simularla. Colamedici, por su parte, renuncia al rol de autor para convertirse en algo más acorde a nuestro tiempo: un curador de contenido, un prompt engineer del espíritu, un interlocutor de la máquina.

Este acto inicial subvierte por completo la lectura. No podemos abordar el texto como lo haríamos con Platón o Byung-Chul Han. Cada aforismo nos obliga a una doble pregunta: ¿Qué nos dice este pasaje sobre la "hipnocracia"? Y, más importante aún, ¿qué nos dice sobre nosotros el hecho de que estemos buscando respuestas en una simulación? La obra se convierte en un espejo. El vacío ontológico del autor ficticio refleja el vacío de una cultura que externaliza el pensamiento crítico a la primera fuente que demuestre la elocuencia suficiente.

Aquí yace la gran paradoja del libro: es una crítica al control algorítmico generada por un algoritmo. La máquina describe con precisión la celda que ella misma ayuda a construir. Las reflexiones de "Jianwei Xun" sobre la atención fragmentada, la anestesia cívica y la tiranía de la inmediatez son lúcidas y a menudo poéticas. Pero, ¿es una lucidez genuina? ¿O es simplemente el resultado de haber procesado y recombinado miles de críticas humanas preexistentes sobre el mismo tema? La respuesta es irrelevante. Como bien entendió Marshall McLuhan, el medio es el mensaje. La forma de "Hipnocracia" es su argumento más potente. Nos demuestra, no nos cuenta, que las herramientas que definen nuestra época han alcanzado un punto de complejidad tal que pueden simular su propia oposición.

Esto nos lleva al nivel más profundo y alarmante del experimento. Cuando un sistema es capaz de generar su propia crítica, ¿no es esa la prueba definitiva de su poder? El capitalismo avanzado ha demostrado una y otra vez su capacidad para absorber la disidencia y convertirla en una mercancía más. La contracultura se vuelve moda; la revolución, una camiseta. "Hipnocracia" plantea la posibilidad de una etapa superior de este proceso: la "autocrítica como servicio". El sistema ya no necesita esperar a sus detractores; puede producirlos en serie.

La pregunta que nos deja el libro es si este tipo de crítica generada por máquinas es un acto de subversión o la forma más refinada de contención. ¿Nos está despertando el algoritmo de Jianwei Xun, o nos está administrando una dosis controlada de disidencia que nos hace sentir críticos mientras permanecemos dóciles? Es posible que la función de "Hipnocracia" no sea liberarnos de la hipnosis, sino hacerla más confortable, añadiéndole una banda sonora filosófica que nos dé la ilusión de resistencia.

En definitiva, el valor de "Hipnocracia" no reside en las respuestas que ofrece, sino en la calidad de las preguntas que impone. Es un test de Rorschach para nuestra relación con la tecnología y la verdad. No es un manual para la revuelta, sino un diagnóstico preciso de por qué la revuelta parece imposible. La hipnosis final, sugiere la obra sin decirlo, quizás no es la distracción constante a la que nos someten las pantallas, sino la esperanza de que la propia máquina que nos adormece sea la que nos vaya a despertar.

 
 
 

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