Deconstruyendo el Acto de Milei en La Plata
- R. D'Alessandro
- 15 ago
- 5 Min. de lectura
Más allá de la táctica electoral, el lanzamiento de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires fue un compendio sobre la construcción de una nueva hegemonía cultural, donde los símbolos se vacían, la política se vuelve un blockbuster de acción y la memoria colectiva se convierte en un campo de batalla.
El 14 de agosto de 2025, La Libertad Avanza (LLA) formalizó el inicio de su campaña para las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires con un acto de gran envergadura. El evento se llevó a cabo en el Club Atenas de la ciudad de La Plata, un recinto con capacidad para aproximadamente 6,000 personas. La selección de la capital provincial no fue casual; al realizar el mitin a pocas cuadras de la sede de la gobernación, el oficialismo nacional buscó proyectar una imagen de avance y desafío directo en el corazón del poder administrativo de su principal adversario político, el gobernador Axel Kicillof.

El acto fue enmarcado formalmente como el "Primer Congreso de la Libertad Bonaerense", un título que pretendía conferirle un aire de deliberación programática y solidez institucional. Sin embargo, su contenido y tono fueron inequívocamente los de un lanzamiento de campaña electoral. La organización del evento estuvo bajo la dirección del armador y presidente de LLA en la provincia, Sebastián Pareja, en estrecha colaboración con el estratega de comunicación de la presidencia, Santiago Caputo, y la Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei. Para prevenir posibles manifestaciones en contra, se implementó un notable operativo de seguridad que incluyó a las cuatro fuerzas de seguridad federales, estableciendo un perímetro de control en los alrededores del club.
La decisión de celebrar un acto de esta magnitud en La Plata, en lugar de un distrito del conurbano con mayor densidad de votantes libertarios, obedece a una lógica de guerra psicológica. El objetivo no era meramente movilizar a la base propia, sino enviar un mensaje de fuerza y desmoralización al adversario. Al llevar la "batalla" al centro neurálgico del poder de Kicillof, LLA buscó demostrar que no teme la confrontación directa y que está dispuesta a disputar cada centímetro de territorio, simbólico y real.
La Política como Espectáculo de Acción y Guerra
El evento fue cuidadosamente escenificado no como un acto político tradicional, sino como el tráiler de una película de acción. La elección del afiche promocional, una adaptación del póster de Los Mercenarios 2, es una declaración de principios estéticos y narrativos. No se presenta a los candidatos como servidores públicos o legisladores, sino como un comando de "indestructibles", un grupo de outsiders rudos y pragmáticos reunidos para una misión de choque en territorio enemigo.
Esta iconografía bélica se refuerza con la entrada de Milei al son de "Panic Show", donde la autoidentificación como "el león" que ruge en medio de la avenida lo posiciona como una fuerza de la naturaleza, una "bestia" disruptiva que no viene a dialogar con el sistema, sino a destruirlo. La política deja de ser el arte de lo posible para convertirse en un espectáculo de fuerza bruta, donde la deliberación es reemplazada por la aniquilación simbólica del adversario.
La Guerra Semántica: La Transgresión del "Nunca Más"
Quizás el elemento cultural más potente y controversial del acto fue la apropiación y resignificación del lema "Nunca Más". Esta frase no es un eslogan cualquiera; es uno de los pilares del consenso democrático post-dictadura en Argentina, un significante sagrado que representa el pacto social contra el terrorismo de Estado y la eliminación física del adversario político.
Al acuñar "Kirchnerismo Nunca Más", el discurso libertario comete una transgresión deliberada. Busca vaciar el significante original de su contenido histórico para equiparar a un adversario democrático con los crímenes de lesa humanidad de la dictadura. Esta maniobra tiene un doble objetivo cultural:
Banalizar el Mal: Al usar el lema para una contienda electoral, se trivializa el horror que representó el "Nunca Más" original, erosionando un consenso cultural fundamental.
Sacralizar el Conflicto Político: Simultáneamente, eleva la lucha contra el kirchnerismo a una categoría de cruzada moral y existencial. El oponente ya no es un rival con otro proyecto de país, sino una "miseria humana planificada" que debe ser erradicada, no vencida en las urnas.
La Estética de la Cultura Pop y la Performance Digital
El discurso de Milei está impregnado de referencias a la cultura de masas, desde el rock hasta el cine de acción y series como Los Simpsons. Esta estrategia le permite conectar con un público que desconfía de la solemnidad y el lenguaje acartonado de la política tradicional. Se presenta como un producto cultural reconocible y cercano, que habla el mismo idioma que sus seguidores.
Más importante aún, el acto en su totalidad está concebido como un evento de generación de contenido para el ecosistema digital. Las frases cortas, las descalificaciones impactantes, los gestos histriónicos y la estética de confrontación están diseñados para ser "clipeados", viralizados y convertidos en memes en plataformas como X y TikTok. El mitin no termina en el Club Atenas; su verdadera vida comienza en las redes, donde la repetición y la viralización de estos fragmentos construyen una realidad paralela y movilizan a sus bases digitales.
El Culto al Caudillo y la Mística Familiar
La puesta en escena refuerza una estructura de poder profundamente personalista. La constante exaltación de Karina Milei como "El Jefe", a quien se le atribuye la "tarea titánica" de la organización, la posiciona por encima de cualquier estructura partidaria o alianza. El poder no reside en el partido o en la coalición, sino en el núcleo familiar del líder. Este gesto, repetido en cada acto, construye una mística de lealtad absoluta hacia el círculo íntimo del presidente, una característica más propia de un movimiento carismático que de un partido político moderno.
En conclusión, el lanzamiento en La Plata fue una clase magistral de "guerra cultural". A través de una cuidada performance que mezcla la estética de Hollywood, la transgresión de símbolos sagrados y una estrategia de comunicación diseñada para la viralización digital, La Libertad Avanza no solo presentó a sus candidatos, sino que reafirmó su proyecto como una batalla cultural para demoler el statu quo y los consensos sobre los que se ha construido la política argentina en las últimas décadas.
No obstante, esta estrategia enfrenta desafíos estructurales en la provincia. El discurso anti-Estado y la defensa de un ajuste fiscal severo chocan con la realidad de un distrito con altos niveles de pobreza y una fuerte dependencia de los servicios públicos en áreas como la salud, la educación y la asistencia social, sectores que han sido objeto de recortes por parte del gobierno nacional. La narrativa de Kicillof, centrada en la defensa de un "Estado presente", busca explotar precisamente esta contradicción.
En última instancia, el lanzamiento de campaña en La Plata ha elevado las apuestas de manera significativa. Al involucrarse de forma tan personal y vehemente, Javier Milei ha nacionalizado la elección provincial, convirtiéndola en un referéndum sobre su propia gestión. Un resultado favorable en el distrito más poblado del país le otorgaría un respaldo popular contundente para profundizar su programa de reformas. Por el contrario, una derrota no sería simplemente el fracaso de sus candidatos locales, sino un rechazo directo a su figura y a su proyecto político. Tal escenario podría marcar el primer gran punto de inflexión en su presidencia, debilitando su capital político y envalentonando a una oposición unificada de cara a la segunda mitad de su mandato. La batalla por Buenos Aires ha comenzado, y su resultado definirá el futuro político de Argentina.







Comentarios