Sin Unidad en el Horizonte
- I. Montes
- hace 2 días
- 3 Min. de lectura
La política local choca contra la realidad nacional. Aunque el libertarismo bolivarense pide confluencia, el radicalismo busca autonomía y rearma su juego en la Séptima Sección. Por su parte Nicolas Moran participa de un nuevo armado con Eguen a la cabeza. El escenario de tres tercios garantiza la continuidad del peronismo en el poder.

La política local suele operar bajo la ilusión de la autonomía. Los dirigentes de Bolívar se sientan en mesas de café, dibujan servilletas y proyectan alianzas como si el distrito fuera una isla desconectada de la tectónica de placas nacional.
César Pacho, concejal y referente de La Libertad Avanza (LLA), ha verbalizado en repetidas ocasiones el deseo —casi la necesidad— de una confluencia opositora para derrotar al peronismo en 2027. Su lógica es aritmética: sumar las partes para superar al todo oficialista. Sin embargo, la política no es matemática; es una lucha de intereses. Y mientras Pacho pide unidad en Bolívar, las terminales nerviosas de las superestructuras partidarias envían señales eléctricas de separación.
La prueba más contundente de esta divergencia estratégica no está en lo que se dice, sino en lo que se hace. Lejos de la órbita libertaria, Nicolás Morán ha comenzado a tejer su propia red de contención y proyección. Su participación activa en la conformación de un nuevo espacio político dentro de la Séptima Sección Electoral —junto a dirigentes de peso de Olavarría, Azul y Saladillo— revela una intención clara: construir volumen político propio y regional. Este armado no es un movimiento de convergencia; es una maniobra de autonomía territorial. Morán no está buscando un lugar en la lista de Pacho; está acumulando capital político para negociar desde una posición de fuerza o, llegado el caso, liderar una alternativa de centro que dispute la identidad no-peronista sin entregar las banderas al 'león'
La tesis de este artículo es que no hay condiciones objetivas para una unidad opositora en Bolívar. La fragmentación no es un accidente, es el diseño del sistema actual. Y el principal beneficiario de este divorcio no consumado es el oficialismo de Eduardo Bali Bucca
El Techo de Cristal
Nicolás Morán y Emilia Palomino, referentes de Hechos y UCR respectivamente, escuchan los cantos de sirena de Pacho con una "prudencia" que es, en realidad, un eufemismo para la desconfianza estratégica. No niegan la unidad porque en política nunca se cierra una puerta, pero sus acciones caminan en dirección opuesta.
La razón es simple: la supervivencia identitaria.
Morán entiende lo que Pacho quizás ignora o elige omitir: en una alianza asimétrica con LLA —hoy la marca de moda—, el radicalismo y Hechos corren el riesgo de la disolución.
El Mandato de la Superestructura
La fantasía de la "unidad a la bolivarense" choca frontalmente con la realidad de la "rosca" nacional. Los partidos políticos en Argentina son estructuras verticales.
Mauricio Macri ya ha adelantado que el PRO tendrá candidato a presidente propio en 2027. No habrá entrega llave en mano a Milei. Por su parte, el presidente del Comité Provincia de la UCR fue lapidario: "La UCR no va detrás de nadie".
Estas declaraciones no son retórica vacía; son instrucciones operativas. Si arriba hay tres listas (LLA, PRO, UCR o sus variantes), abajo, en el territorio, la unidad es técnicamente imposible sin que alguien traicione a su conducción nacional o rompa su partido. ¿Se imaginan a Morán o a Palomino bajando la bandera de su estructura histórica para ser furgón de cola de una franquicia libertaria local?
La Aritmética que Salva al Peronismo
Aquí es donde entra el análisis de consecuencias locales. La fragmentación opositora es el escenario soñado para Fuerza Patria.
En el sistema electoral para intendentes se gana por un voto. El oficialismo de Fuerza Patria cuenta con un piso electoral alto y consolidado que ronda un 38%, una maquinaria de gestión activa y el control del territorio. No necesitan el 50% de los votos. Les basta con mantener su núcleo duro de entre el 35% y el 40%.
Si la oposición se presenta unida, ese 40% corre peligro. Pero si la oposición se fragmenta en dos o tres ofertas competitivas el voto opositor vuelve a dispersarse.
Conclusión: El Juego de la Silla
La participación de Morán en un nuevo armado seccional y la rigidez de las conducciones nacionales de la UCR y el PRO demuestran que la "unidad" que pregona César Pacho es, hoy por hoy, una expresión de deseos sin correlato en la realidad orgánica de los partidos.
Mientras la oposición juega al juego de la silla, disputándose quién tiene la legitimidad para liderar el cambio, el peronismo observa desde las oficinas de Belgrano 11. Saben que no necesitan hacer campaña contra la oposición; solo necesitan esperar a que la oposición termine de pelearse consigo misma.
En 2027, la boleta no se definirá por la voluntad de los dirigentes locales de "juntarse", sino por la capacidad del peronismo de aprovechar la inevitable dispersión de sus adversarios.







Comentarios