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La Batalla por el Voto y el Sentido: La Elección en Bolívar

  • I. Montes
  • 27 ago
  • 4 Min. de lectura

Las elecciones del próximo 7 de septiembre en Bolívar trascienden la simple contienda por bancas en el Concejo Deliberante. Lo que se presenta ante el electorado es un verdadero campo de batalla simbólico, una colisión de arquetipos que proponen, cada uno, una visión distinta de la política misma. La oferta electoral no es un mero listado de candidatos, sino un catálogo de modelos en pugna: el gestor técnico que busca despolitizar la administración, el cruzado ideológico que importa la grieta nacional, el ciudadano indignado que clama por una ruptura, y el moderado que apela al pragmatismo en medio del ruido. El análisis de sus perfiles revela que la elección se juega menos en las promesas y más en las emociones que logran transmitir: la seguridad del poder establecido frente al hartazgo de los olvidados; la serenidad del experto contra la rebeldía del antisistema.

La Arquitectura del Poder: Blindaje Técnico y Legitimación Ciudadana

El oficialismo de Fuerza Patria ha construido una oferta electoral que se asemeja a una formación defensiva, diseñada para proteger el núcleo del poder político con capas de legitimidad técnica y renovación controlada. En el centro, Franco Canepare opera como el arquetipo del político institucional. Su discurso, enfocado en la mecánica legislativa, los consensos y la "unidad del peronismo", no busca enamorar, sino convencer. La emoción que proyecta es la del control y la seguridad; es la personificación de la gobernabilidad y la experiencia, un mensaje potente frente a una oposición visiblemente fragmentada.

Para blindar este núcleo político, la estrategia oficialista despliega un "escudo técnico" con dos perfiles de alto prestigio profesional: Daniel Lista en Educación y José María Maluéndez en Salud. La inclusión de ambos no es casual; responde a una lógica de despolitización de áreas sensibles. Lista, con su vasta experiencia de 31 años en el sistema educativo, aporta una credibilidad que busca elevar el debate por encima de la crítica partidaria. Maluéndez, con su autoridad como médico, intenta hacer lo propio en el área más crítica de cualquier gestión. Ambos transmiten profesionalismo y vocación de servicio, proyectando la imagen de expertos que llegan para resolver problemas. Sin embargo, esta fortaleza es también su talón de Aquiles: al ser voceros del oficialismo en áreas de reclamo constante, se convierten inevitablemente en el pararrayos de todas las quejas, forzando su discurso técnico a operar en el terreno fangoso de la defensa política.

La estructura se completa con Karina Bontempo, de Fuerza Bolívar, quien cumple el rol de la "renovación legitimadora". Al ser su primera incursión política, representa una cara nueva que oxigena la boleta oficialista. Su perfil de docente y su discurso centrado en la continuidad del proyecto buscan atraer a votantes independientes que valoran la gestión pero desconfían de los políticos de carrera. Bontempo transmite responsabilidad y orgullo, funcionando como el rostro ciudadano que valida la estructura de poder existente.

El Archipiélago del Descontento: Una Guerra en Múltiples Frentes

Frente al bloque oficialista, la oposición se despliega como un mosaico fragmentado, donde cada pieza compite no solo contra el gobierno, sino también contra las otras por el mismo capital político: el voto opositor. La Unión Cívica Radical (Somos Buenos Aires) presenta una dualidad estratégica. Por un lado, Emilia Palomino encarna un liderazgo de firmeza, con el objetivo claro de obtener una mayoría en el Concejo para ser un contrapeso real. Su discurso es desafiante y apela al "voto útil", reconociendo implícitamente la amenaza de la fragmentación. Por otro lado, Gualberto Mezquía apela a la autenticidad del "comerciante" y "gente de a pie" , canalizando el descontento desde la sinceridad y el sentido común, en un intento por conectar con un electorado que se siente lejos de la política profesional.

En una lógica completamente diferente operan los importadores del conflicto nacional. César Pacho, de La Libertad Avanza, es el ejemplo más claro. Su principal activo es la marca de Javier Milei, que le permite capitalizar la popularidad del presidente y replicar su exitoso mensaje anti-casta. La emoción que vende es la rebeldía y el antagonismo. Sin embargo, su discurso se centra casi exclusivamente en la confrontación ideológica nacional, mostrando una notoria falta de propuestas locales concretas, lo que lo expone a ser visto como una mera "franquicia" sin un proyecto genuino para Bolívar.

La crítica más radical al sistema proviene de Antonella Alesandrelli (Frente de Izquierda). Su discurso es de una coherencia ideológica total, ofreciendo una enmienda a la totalidad del orden político y económico. Su rol no es tanto ganar la elección como instalar una agenda, particularmente la precarización laboral. La indignación y la urgencia que transmite la conectan con un nicho específico, pero su discurso confrontativo la condena a un inevitable aislamiento político.

La Vía Media: El Riesgo de la Moderación en Tiempos de Furia

En medio de esta polarización de gestores y rupturistas, emerge la figura de Nicolás Morán (Hechos). Su propuesta es un antídoto directo contra la confrontación: un enfoque pragmático centrado en la gestión municipal por encima de la "grieta". Su tono es sereno, reflexivo y dialoguista, buscando atraer a los votantes del centro, cansados de los extremos. La calma y el pragmatismo que transmite son su principal diferenciador. Sin embargo, su mayor amenaza es la dinámica misma del escenario político actual: en una elección polarizada, los espacios moderados corren el riesgo de ser "exprimidos", perdiendo votos hacia los polos y siendo percibidos como una opción con falta de firmeza.

La elección del 7 de septiembre será, por tanto, un referéndum sobre el significado de la política en Bolívar. Los ciudadanos no solo elegirán concejales, sino que validarán un arquetipo. ¿Ganará la tranquilidad y el control del poder establecido? ¿O se impondrá la indignación canalizada por las fuerzas rupturistas? ¿Habrá espacio para la firmeza de la oposición institucional o para la calma del pragmatismo? El resultado definirá la correlación de fuerzas legislativas y, más profundamente, revelará cuál es la emoción política que domina el espíritu del vecino de Bolívar .

 
 
 

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