La Economia Contra Reloj
- C. Esposito
- 28 ago
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En la superficie, la economía argentina transita un período de calma inusual en un año electoral. La inflación mensual registra sus niveles más bajos en cinco años, y la brecha entre el dólar oficial y los paralelos se ha comprimido, ofreciendo una postal de estabilidad. Sin embargo, esta tranquilidad tiene un costo elevado y una fecha de vencimiento implícita. El gobierno ha optado por un torniquete monetario severo para llegar a las elecciones de octubre con las principales variables controladas, pero el precio de esta paz artificial lo está pagando la economía real con un freno abrupto de la actividad y la certeza casi unánime en el mercado de que, una vez contados los votos, llegará una corrección cambiaria.
El dilema es claro: se ha comprado tiempo y estabilidad a cambio de producción y crecimiento futuro. La estrategia oficial se sostiene sobre dos pilares que, combinados, resultan una medicina potente pero con efectos secundarios graves: tasas de interés extraordinariamente altas y una devaluación a cuentagotas. El análisis de esta arquitectura revela cómo funciona el mecanismo que enfría la economía y por qué su sostenibilidad más allá de octubre es, cuanto menos, improbable.
La Lógica del Torniquete: Tasas para Absorber y Dólar para Anclar
Para disciplinar los precios y la demanda de dólares, el Banco Central ha implementado una política monetaria ultra restrictiva. El objetivo es simple: hacer que invertir en pesos sea tan atractivo que los agentes económicos desistan de presionar sobre el tipo de cambio. Con tasas de interés para préstamos personales que rondan el 74% y para adelantos en cuenta corriente que escalan al 87%, frente a una inflación esperada del 20-25%, el costo del dinero se ha vuelto prohibitivo.
Esta política de tasas reales positivas se complementa con un aumento de los encajes bancarios, una herramienta que obliga a los bancos a inmovilizar una porción mayor de los depósitos, secando aún más la plaza de dinero disponible para el crédito.
El segundo pilar es un ancla cambiaria. A través de un sistema de crawling peg, el gobierno devalúa el peso de forma gradual y predecible, a un ritmo mensual del 2%. La meta es ofrecer una referencia estable que modere las expectativas inflacionarias y evite los saltos disruptivos del dólar que han definido históricamente los ciclos políticos argentinos.
A corto plazo, el plan ha sido exitoso en sus propios términos: la inflación se desaceleró y la volatilidad cambiaria se contuvo. Pero esta victoria es pírrica, ya que se ha logrado a costa de poner a la economía productiva en pausa.
La Economía Real en Terapia Intensiva
El impacto más directo del ajuste se siente en el canal del crédito. Financiar capital de trabajo o proyectos de inversión se ha vuelto inviable para la mayoría de las empresas, que se ven forzadas a posponer cualquier plan de expansión. Para las familias, el acceso a préstamos para la compra de bienes durables es prácticamente una quimera. Como resultado, el volumen de crédito al sector privado, tras un período de crecimiento, registró su primera caída en términos reales en 14 meses.
Este esquema ha generado un claro efecto de "desplazamiento" (crowding out): se incentiva la especulación financiera por sobre la inversión productiva. Con rendimientos en pesos tan elevados y seguros, los recursos fluyen hacia instrumentos financieros en lugar de destinarse a la creación de bienes, servicios y empleo.
Los datos duros confirman el parate. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) se contrajo un 0,7% en junio, sugiriendo que la recuperación de principios de año llegó a un "techo". De manera similar, el Índice de Producción Industrial (IPI), en su medición mensual desestacionalizada, cayó un 1,2% en el mismo mes, enmascarando una pérdida de dinamismo reciente detrás de cifras interanuales todavía positivas. La economía, en esencia, ha dejado de crecer.
El Horizonte Poselectoral: Crónica de una Devaluación Anunciada
La calma actual acumula desequilibrios que la vuelven insostenible. El principal es la apreciación del tipo de cambio real: con una inflación que corre por encima del ritmo de devaluación del 2% mensual, los costos de producción en Argentina, medidos en dólares, no paran de subir. Esto resta competitividad a las exportaciones y abarata las importaciones, una dinámica que históricamente siempre ha terminado en una corrección cambiaria brusca.
La pregunta no es si habrá un ajuste, sino cuándo y cómo. El período poselectoral se presenta como la ventana de oportunidad lógica para que el gobierno sincere el valor del dólar, libre de las presiones de las urnas.
Curiosamente, los mercados de futuros de dólar no están cotizando un salto discreto, sino una leve aceleración del ritmo devaluatorio. Esta aparente tranquilidad contrasta con el patrón histórico argentino, donde la estabilidad preelectoral es la antesala de correcciones posteriores, como ocurrió en 2015 y 2019. La calma actual del mercado se explica en gran medida por la rentabilidad del carry trade: inversores que apuestan al peso a corto plazo para ganar con la alta tasa de interés, generando un círculo vicioso que mantiene el dólar planchado artificialmente pero que es sumamente frágil.
A la necesidad de corregir la competitividad se suma un poderoso incentivo fiscal. Una devaluación, seguida de un pico inflacionario, permitiría "licuar" una parte importante del gasto público denominado en pesos, como jubilaciones y salarios estatales, profundizando el ajuste fiscal por una vía heterodoxa. Este doble incentivo, cambiario y fiscal, eleva la probabilidad de un ajuste poselectoral al escenario base, con una probabilidad del 60%. El análisis proyecta un salto discreto o una fuerte aceleración del crawling peg entre el último trimestre de 2025 y el primero de 2026.
La estabilidad actual, por tanto, no es un logro estructural sino una estrategia táctica con fecha de vencimiento. La economía real paga el precio de la calma electoral, mientras se acumulan las tensiones que anticipan un inevitable y necesario reacomodamiento de las variables clave una vez que la política dé su veredicto.






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