La Oposición en su Laberinto: Tres Relatos para una Sola Victoria
- Roberto D'Alessandro
- 21 sept
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 5 oct

El 7 de septiembre dejó en Bolívar un resultado paradójico: una victoria del oficialismo en la cuenta individual de listas y, simultáneamente, una derrota categórica si se suman los votos de un arco opositor fragmentado. Todos los actores de esta oposición —César Pacho, Nicolás Morán y Emilia Palomino— coinciden en un diagnóstico y una promesa: los números les dan la llave de la gobernabilidad en el Concejo Deliberante y declaran su voluntad de construir una alternativa unificada para 2027. Sin embargo, más allá del discurso público, el análisis de sus primeras intervenciones revela tres proyectos políticos, tres relatos y tres liderazgos en colisión. La unidad es el destino anhelado, pero el camino está minado por matices que son, en realidad, profundas diferencias estratégicas.
César Pacho: El Liderazgo por Derecho de Conquista
César Pacho (La Libertad Avanza - PRO) no pide el liderazgo de la oposición; lo reclama desde los hechos. Su discurso post-electoral es una atrevida construcción que lo posiciona como el líder natural y legitimado del nuevo bloque de poder. El primer argumento es aritmético y jerárquico: al enumerar los resultados, se encarga de recordar el orden preciso: "salió segundo Pacho-Santos, tercero Morán-Quibus y cuarta Emilia Palomino" declaró en la última semana a Que Pasa en Bolívar. Es un recordatorio sutil pero firme de quién ostenta el mayor capital electoral individual dentro del espacio.
Pero su reclamo no se basa solo en los votos del domingo. Pacho construye una narrativa de merecimiento a través del esfuerzo y la constancia territorial. Cuando afirma: "yo fui los 365 [sic] días del año hace 5 años que lo hago", y lo contrasta con quienes "se despertaron de la siesta hace dos meses", traza una línea inequívoca entre él y los demás. El mensaje es claro: el liderazgo le pertenece por derecho de conquista, no por acuerdos de cúpula. Cesar tampoco deja de pasar facturas como cuando afirma que "algunas personas con algunos años mas vieron la oportunidad de meterse en la carrera de esos tres jóvenes" en alusión directa a los popes del radicalismo local, cuando él mismo, Nico Moran y Emilia Palomino conformaron el malogrado Radicales en Movimiento.
Finalmente, asume de facto el rol de articulador. Al relatar que inmediatamente después de la elección ya estaba "charlando con Nico [Morán]", se presenta como el que toma la iniciativa, el que convoca a la mesa de unidad que él mismo parece empezar a construir. Su llamado a la unidad no es, por tanto, una invitación horizontal. Es una convocatoria a las demás fuerzas a sumarse a un proceso que, según su relato, se siente legitimado para encabezar por votos, trabajo y acción política.
Nicolás Morán: La Razón Gerencial como Proyecto Político
Nicolás Morán (HECHOS) encarna un arquetipo diferente: el del político-manager, el "CEO" que busca reemplazar el ruido ideológico con la eficiencia de la gestión. La entrevista que concedió a José Castro en su programa de los sábados fue reveladora. El discurso de Nicolás es deliberadamente pragmático y medido, posicionándose estratégicamente lejos de "los extremos" para capturar al "votante independiente". Su visión para Bolívar se ancla en conceptos de optimización, modernización y ordenamiento de cuentas, inspirados en modelos de gestión como el de San Nicolás.
En Morán resuena una versión contemporánea del viejo ideal conservador de "Paz y Administración". La política, en su relato, deja de ser un campo de batalla de ideas para convertirse en un problema de gerenciamiento. Califica los debates ideológicos nacionales como "estériles", una enfermedad cuya cura es la administración técnica. Esta propuesta es seductora en un electorado fatigado por la polarización, ya que promete un refugio de racionalidad.
Su ambición no es menos firme que la de Pacho, pero su camino es otro. No oculta su deseo de ser intendente, pero su estrategia no es la acumulación de méritos territoriales, sino la construcción de un nuevo centro de gravedad político, un espacio donde la gestión eficiente sea la única ideología. El desafío para Morán será demostrar que su proyecto es más que un buen manual de management y puede generar la épica necesaria para liderar un movimiento electoral.
Emilia Palomino: La Institucionalidad Herida y la Desconfianza
Si de un juego de ajedrez se tratara, Pacho y Morán quisieran ocupar la casilla del rey, mientras que Emilia Palomino (UCR), en ese caso, pareciera destinada al lugar del alfil. Post elecciones puso en suspenso sus aspiraciones a ser intendenta de Bolívar (lo había manifestado durante la campaña) y abrió paso a la eventual vuelta a la carga por el sillón de la calle Belgrano a José Gabriel Erreca.
Emilia transita un camino emocional y político muy distinto. Visiblemente afectada por un cuarto lugar que no esperaba, su discurso se debate entre la reivindicación y la decepción. Por un lado, realiza la jugada política de sumar todos los votos opositores para construir una "narrativa de victoria" de bloque y presionar al intendente. Por otro, deja entrever una profunda herida.
Su argumento más revelador —y arriesgado— es que "la gente no termina entendiendo la labor legislativa" sentenció también para Que Pasa en Bolívar. Esta afirmación, más que una simple observación, funciona como una descarga de culpas sobre el electorado, un mecanismo para justificar un resultado adverso sin realizar una autocrítica profunda sobre los errores estratégicos de la campaña local y provincial (máxime teniendo en cuenta que la UCR perdió 149 concejales y 12 legisladores a lo largo y ancho de la provincia). Palomino se describe a sí misma como la concejal técnicamente más preparada y trabajadora, intentando cambiar el criterio de evaluación de cantidad de votos a calidad de gestión.
Además, su discurso está cargado de reservas. Marca un "abismo ideológico" con el espacio de Milei y lanza una advertencia velada a sus futuros pares, afirmando que la negociación por la presidencia del Concejo demostrará "quién es realmente oposición y quién no". Esta desconfianza latente revela la fragilidad de cualquier acuerdo. Palomino representa la defensa de la identidad partidaria y la institucionalidad radical, una postura que, si bien busca preservar su capital político, la aísla y la muestra a la defensiva frente a las nuevas configuraciones de poder.
Los Egos en el Laberinto
La oposición de Bolívar tiene los números para ser protagonista y condicionar la agenda del gobierno. Sin embargo, la unidad que pregonan es, por ahora, una entelequia. El verdadero debate no es si se sentarán a una mesa, sino cómo resolverán la colisión de estos tres proyectos.
El liderazgo por derecho de conquista de Pacho, basado en los votos y el territorio; la razón gerencial de Morán, que aspira a un nuevo electorado post-ideológico alejado del fundamentalismo de su eventual aliado libertario; y la resistencia institucional de Palomino, atrincherada en la identidad partidaria, la desconfianza y el recelo hacia una ciudadanía que "no entiende". Estos no son simples matices, son lógicas de poder difícilmente conciliables. La pregunta que flota en el aire no es si la oposición podrá capitalizar su victoria numérica, sino si tendrá la madurez política para navegar su propio "laberinto de los egos" y construir un proyecto que trascienda las ambiciones individuales. La respuesta definirá el mapa político de Bolívar para los próximos años.







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