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Septiembre y la paradoja de la suma cero: La liquidación récord del agro financió una fuga de USD 6.800 millones

  • C. Esposito
  • 18 nov
  • 3 Min. de lectura

La ventana fiscal de tres días en septiembre generó una liquidación histórica del agro, pero desnudó la fragilidad del modelo: los USD 7.500 millones que ingresaron por el puerto financiaron, casi en tiempo real, una fuga de USD 6.800 millones hacia el atesoramiento.


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Tres días bastaron para desnudar la fragilidad del esquema monetario actual. Entre el 22 y el 24 de septiembre, el gobierno activó el Decreto 682/2025, una ventana de oportunidad fiscal que eliminó las retenciones a cambio de una liquidación inmediata de divisas. La respuesta del mercado fue un movimiento de pinzas perfecto: lo que ingresó por la exportación de granos salió, casi en tiempo real, por la demanda de atesoramiento de los residentes.

El Banco Central no acumuló reservas genuinas; funcionó como una ventanilla de traspaso. El Estado sacrificó recaudación tributaria para financiar la dolarización de carteras del sector privado.

La mecánica del drenaje

Los números del informe cambiario de septiembre no dejan margen para la interpretación creativa. El sector "Oleaginosas y Cereales" liquidó USD 7.568 millones netos, una cifra histórica impulsada exclusivamente por el incentivo fiscal de tres días. Sin embargo, esa inmensa oferta de dólares no se tradujo en un fortalecimiento de la autoridad monetaria. El BCRA terminó el mes vendiendo USD 1.110 millones en el mercado de cambios.

¿A dónde fueron los dólares del campo? La correlación es absoluta. Mientras los exportadores liquidaban, las "Personas Humanas" retiraron del sistema USD 6.857 millones. No se trató de una operación sofisticada de ingeniería financiera internacional ni de un carry trade de fondos de inversión, que apenas movieron USD 142 millones en el mes. Fue una fuga interna masiva.

Como señala el economista Horacio Rovelli, la deuda y la liquidación forzada terminan financiando la formación de activos externos. Aunque Rovelli sitúa la medida a principios de mes, los datos oficiales confirman que la ventana del 22 al 24 de septiembre fue el catalizador exacto de este proceso de suma cero. Los dólares entraron por una puerta y salieron por la otra, dejando al Estado con menos impuestos y al Banco Central con la misma escasez neta de poder de fuego.



La sociología de la desconfianza

Es tentador, desde una narrativa política, adjudicar esta salida únicamente a las grandes corporaciones o a la "oligarquía", como sugiere Rovelli al mencionar a firmas como Techint o Arcor. Sin embargo, la data desagregada del BCRA obliga a matizar el análisis y lo vuelve más inquietante.

En septiembre no solo operaron los grandes conglomerados. Fueron 1,8 millones de personas las que compraron billetes. Esto no es el comportamiento de una élite reducida; es la reacción defensiva de una clase media y alta ampliada que, ante la eliminación de restricciones de la "Fase 3", corrió a convertir sus excedentes en pesos a moneda dura.

El levantamiento del cepo no generó una ola de inversión productiva ni un boom de crédito hipotecario. Generó una vía libre para que casi dos millones de argentinos dolarizaran sus ahorros. La desconfianza en el peso no distingue entre un CEO de Puerto Madero y un comerciante de Bolívar que tuvo un buen mes: la conducta rectora es la extracción de valor del circuito local hacia la seguridad estéril del billete físico.

Maquillaje contable y realidad

El gobierno podrá exhibir que las reservas brutas cerraron en USD 40.374 millones, mostrando un alza mensual. Pero ese número es cosmético. El aumento se explica principalmente porque el Tesoro Nacional compró dólares y los dejó depositados en el BCRA (USD 1.650 millones) y por la revaluación contable de activos como el oro.

Si el Tesoro decidiera usar esos dólares para pagar deuda, la desnudez del Banco Central sería evidente. Estamos ante un sistema que respira con pulmotor: depende de ventanas fiscales excepcionales para conseguir los dólares que el mercado privado absorbe inmediatamente.

Septiembre dejó una lección clara sobre la dinámica de poder en la Argentina de 2025. El mercado acepta los incentivos del Estado —como el 0% de retenciones— pero no compra su relato de confianza. Mientras la política económica se centre en garantizar la liquidez para la salida en lugar de incentivos para la permanencia, el superávit comercial seguirá siendo, paradójicamente, el combustible de la fuga.


 
 
 

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