Última Jugada: El Dilema de Bucca y el Fin de una Era en Bolívar.
- I. Montes
- 1 oct
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 5 oct

La maniobra fue una pieza de orfebrería política. Un enroque calculado para asegurar la continuidad del poder: Marcos Pisano interrumpe su mandato dos años antes para asumir una banca en el Senado provincial, permitiendo que su arquitecto y antecesor, Eduardo Bucca, regrese para completar el período. Fue, quizás, la última gran jugada del binomio que ha dominado la política local por más de una década. Pero esta jugada, diseñada para proyectar fortaleza, aterriza en un escenario de una fragilidad inédita.
Durante años, la gestión de Pisano se definió por un método: la evasión del conflicto. La silla vacía, el teléfono que no suena. Cuando los productores rurales exigieron una reunión, no la hubo. A cambio, recibieron presión administrativa. Cuando las enfermeras marcharon por sus salarios, la respuesta fue una ausencia. El método es el desgaste. Una estrategia eficaz solo cuando se cuenta con un dique de contención: la mayoría automática en el Concejo Deliberante.
En el polo opuesto se encuentra el estratega, Eduardo Bucca. Un líder que no le teme al conflicto, sino que lo utiliza. Dotado de mayor carisma, talento político y capacidad de trabajo que Pisano, Bali caracterizó sus mejores años al frente de la intendencia con una gestión de cercanía y mayor apertura.
Pero el dique se rompió. La pérdida de la mayoría automática en el Concejo, que ahora se reparte en 7 - 9 bancas por lado, clausura una era. Ya no hay forma de enviar un proyecto a comisión para enterrarlo. No hay manera de rechazar un pedido de informes sin debate.
Pero este nuevo tablero político no flota en el vacío. Se asienta sobre un terreno social agrietado por el cansancio. El dato más elocuente es el 37% de ausentismo en la última elección, un portazo silencioso de una ciudadanía harta. No es un fenómeno local; se repitió en la mayoría de los distritos bonaerenses, revelando una fatiga estructural. En estas condiciones de desconfianza, los conflictos pueden escalar a límites impensados. Los desbordes de esta misma semana en distritos vecinos como 9 de Julio o Carlos Casares no son anécdotas. Son advertencias.
Y aquí es donde reside la verdadera prueba de fuego. Bucca no regresa solo para completar un mandato. Se debe dar por descontado que, si no aparece una oferta superadora en el horizonte de su carrera política, su regreso es el primer paso de su campaña para buscar la reelección en 2027. Pero su estilo de constructor de poder, acostumbrado a disponer de recursos provinciales y nacionales, choca frontalmente con esta nueva realidad de motosierra. Además deberá ver como resuelve la pesada herencia económica y financiera que heredará de la gestión de Pisano y su desmanejo en la administración, algo que apenas puede disimularse o achacarle exclusivamente a los recortes del gobierno de Milei
La pregunta no es si podrá gestionar, sino si podrá ceder. Si el estratega acostumbrado a mover las piezas a voluntad podrá adaptarse a un tablero donde cada jugada debe ser pactada, no solo para gobernar estos dos años, sino para construir la legitimidad de su próximo proyecto. El éxito ya no se medirá por su audacia, sino por una habilidad que su proyecto político, hasta hoy, rara vez necesitó: el arte del acuerdo. La era de gobernar por mayoría ha terminado. Comienza el tiempo de la política.







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