Contundente Triunfo Nacional de LLA
- R. D'Alessandro
- 27 oct
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Contrariando las proyecciones que surgieron tras la elección bonaerense, La Libertad Avanza obtuvo un triunfo contundente a nivel nacional. La coalición oficialista se consolidó como la fuerza más votada, alcanzando aproximadamente el 40.8% de los sufragios para la categoría de diputados nacionales. Este respaldo se tradujo en una victoria en 16 de los 24 distritos electorales del país, incluyendo las cinco provincias de mayor peso electoral: Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Mendoza. En esta última, LLA registró su mejor desempeño, superando el 53% de los votos.
En segundo lugar se ubicó la coalición peronista, compitiendo bajo el sello Fuerza Patria y otras variantes provinciales, que obtuvo entre el 31.6% y el 32.2% de los votos a nivel nacional. La tercera fuerza, Provincias Unidas, una alianza de gobernadores que aspiraba a romper la polarización entre el oficialismo y el kirchnerismo, tuvo un desempeño marcadamente inferior a las expectativas, logrando apenas un 7.5% de los votos. Este resultado evidenció la debilidad de las propuestas de centro y la consolidación de una lógica bipartidista que no logró ser desafiada.
Un factor determinante de la jornada fue el nivel de participación electoral, que se situó en torno al 67.9%, la cifra más baja registrada en una elección nacional desde la restauración de la democracia en 1983. Este dato contrasta fuertemente con el promedio histórico de participación, que se ubicaba en torno al 79%. La tendencia a la baja ya se había observado en comicios anteriores, pero se acentuó en 2025, reflejando un creciente ausentismo que alcanzó el 34% del padrón.
La coexistencia de una participación históricamente baja con una victoria tan decisiva para el partido gobernante constituye una aparente paradoja. Este fenómeno sugiere que el triunfo de La Libertad Avanza no se debió a una persuasión masiva del electorado, sino a una estrategia exitosa de movilización de su base de votantes más comprometida. Mientras el oficialismo logró energizar a sus seguidores, la baja afluencia a las urnas indica una profunda apatía, desilusión o falta de representación entre los votantes de la oposición y los indecisos, quienes no encontraron incentivos suficientes para participar. Por lo tanto, el mandato obtenido por el gobierno, aunque numéricamente robusto, emana de un segmento ferviente del electorado más que de un consenso social amplio. Esta dinámica podría presentar desafíos a la legitimidad y el sostenimiento popular de las reformas más controvertidas que el Ejecutivo planea impulsar en la segunda mitad de su mandato.
El Nuevo Congreso
La victoria de La Libertad Avanza se tradujo en una significativa reconfiguración de fuerzas en ambas cámaras del Congreso de la Nación. A partir del 10 de diciembre de 2025, el oficialismo contará con una representación parlamentaria considerablemente mayor, lo que alterará fundamentalmente la dinámica legislativa y las condiciones de gobernabilidad para la segunda mitad del mandato presidencial.
En la Cámara de Diputados, la alianza oficialista de La Libertad Avanza y el PRO se consolidará como la primera minoría, conformando un bloque de aproximadamente 107 legisladores. Este número representa un crecimiento exponencial para el oficialismo, que pasó de tener 37 diputados propios a 93, sumando un neto de 56 escaños y convirtiéndose en el gran ganador de la jornada. El bloque de Fuerza Patria y sus aliados se mantendrá como la segunda fuerza, con un total de 98 bancas, experimentando una leve pérdida neta de cuatro escaños.
Esta nueva distribución deja a los bloques minoritarios en una posición estratégica. Provincias Unidas, con 17 escaños, y otras fuerzas provinciales se convertirán en actores clave para la formación de quórum y la construcción de mayorías simples, que requieren 129 votos.
En el Senado de la Nación, el resultado electoral generó un escenario de paridad. Tanto la alianza LLA+PRO como el conjunto de los bloques peronistas (Fuerza Patria y aliados) contarán con 24 senadores cada uno. Este equilibrio de fuerzas es producto de un importante avance del oficialismo, que puso en juego solo dos escaños y obtuvo trece nuevos, mientras que el peronismo arriesgó quince bancas y consiguió solo nueve, resultando en una pérdida neta de seis representantes.
El balance de poder en la Cámara Alta recaerá, por tanto, en las terceras fuerzas. La Unión Cívica Radical (UCR), con un bloque de 9 senadores, y los representantes de otras fuerzas provinciales, se volverán decisivos para inclinar la balanza en las votaciones clave.
El principal logro estratégico del gobierno no fue alcanzar la mayoría absoluta, sino superar el umbral de un tercio de los miembros en ambas cámaras. Con 107 de 257 diputados y 24 de 72 senadores, la alianza oficialista adquiere la capacidad de sostener cualquier veto presidencial a leyes sancionadas por la oposición. Este poder cambia fundamentalmente la dinámica de poder en comparación con los dos primeros años de gobierno. Anteriormente, el Ejecutivo se encontraba en una posición defensiva, vulnerable a la agenda legislativa de la oposición; ahora, ninguna ley podrá ser impuesta en contra de su voluntad.
Sin embargo, para avanzar con su propia agenda de reformas estructurales en materia fiscal y laboral, el oficialismo aún carece de la mayoría simple de 129 votos en Diputados. Esta situación lo obliga a negociar, pero desde una posición de fortaleza inédita. En este nuevo contexto, el poder de los bloques minoritarios y provinciales, como Provincias Unidas, se magnifica. Estos actores se convierten en "árbitros", cuyos votos serán intensamente disputados y probablemente intercambiados por concesiones presupuestarias o políticas para sus respectivas provincias. Se inaugura así una nueva etapa legislativa, caracterizada por una mayor transaccionalidad y la necesidad de construir alianzas caso por caso.







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