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La Crisis Estalla en los Municipios

  • I. Montes
  • 24 oct
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 27 oct

El ajuste nacional vació la caja provincial. Para conseguir financiamiento, Kicillof choca contra un muro en la Legislatura: la oposición y el "fuego amigo" del peronismo usan la desesperación de los intendentes —que ya declaran emergencias o no pueden pagar salarios— como palanca para negociar cargos y fondos.


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"Hoy el presupuesto no nos permite ni siquiera hacer una obra nueva o pavimentar una calle".

La frase no pertenece a un piquetero ni a un gremialista enardecido. Es la confesión de Fernando Bouvier, intendente de Arrecifes. Es el diagnóstico crudo, despojado de toda retórica, del estado real de la Provincia de Buenos Aires. La admisión de la parálisis.

Pero Bouvier es un intendente de la UCR. Su declaración podría ser leída como un dardo político contra Axel Kicillof. Sería un error de análisis. A pocos kilómetros, en Tapalqué, el intendente Gustavo Cocconi, un aliado explícito del gobernador, se ve forzado a firmar la emergencia económica y financiera de su distrito. En Chacabuco, los sindicatos municipales (ATE y UPCN) lanzan un paro total ante una oferta salarial del 1.5%, calificada de "irrisoria".

Lo que revelan estas tres postales —Arrecifes, Tapalqué, Chacabuco— no es una disputa partidaria. Es la implosión de un sistema. La crisis bonaerense ha dejado de ser una abstracción macroeconómica para convertirse en un hecho tangible y territorial.

El gobierno de Kicillof está atrapado en un torniquete perfecto. Un mecanismo de asfixia que opera desde dos direcciones opuestas con la misma consecuencia letal: la inmovilidad.

La Asfixia Superior: El Ajuste Nacional

El primer giro del torniquete proviene del plan motosierra del gobierno nacional. La caída real de la recaudación nacional, sumada al recorte quirúrgico de todas las transferencias discrecionales y fondos fiduciarios, ha vaciado el tanque de la provincia. La lógica de la Nación es simple: secar la caja del principal bastión opositor.

La respuesta de Axel Kicillof a esta asfixia fue la previsible: dirigirse a la Legislatura bonaerense para solicitar una nueva autorización de endeudamiento. Pedir "nafta", como la definió la prensa oficialista, para que el motor del Estado provincial no se funda.

Es aquí donde el mecanismo se vuelve letal. Kicillof descubrió que la Legislatura no respondía. El bloqueo para obtener los dos tercios no es un monólogo de la oposición (PRO y UCR); es un coro de vetos cruzados.

A la extorsión opositora, que exige cargos en organismos de control y el Banco Provincia, se suma, con igual o mayor eficacia, el 'fuego amigo'.

Sectores internos del propio peronismo, oliendo la necesidad crítica del gobernador, han decidido que la urgencia es el momento perfecto para cobrar viejas facturas y negociar beneficios. La demanda de los intendentes —la necesidad real de un fondo de rescate territorial— se convierte así en la cobertura perfecta y la moneda de cambio para la negociación de cargos en la estructura de poder.

El resultado es una parálisis total. La Legislatura, en una rara unanimidad subterránea donde se mezclan la supervivencia municipal y la ambición facciosa, impuso una condición unificada: "Primero el fondo para los intendentes".

El Círculo Vicioso de la Gobernabilidad

Lo que Kicillof enfrenta es un círculo vicioso que él mismo está obligado a alimentar. La arquitectura del sistema funciona así:

  1. El Corte Nacional: La Nación corta los fondos a la Provincia.

  2. La Priorización Provincial: Kicillof, con una caja estresada, debe priorizar lo impostergable. El núcleo duro del Estado: salarios de docentes, policías, médicos y el inminente aguinaldo.

  3. El Ajuste Interno: Para garantizar ese núcleo, la Provincia ralentiza o corta todo lo demás. Reduce pagos a proveedores, frena la obra pública y, crucialmente, pisa las transferencias a los municipios.

  4. La Implosión Territorial: La crisis deja de estar en La Plata y se traslada al territorio. El Estado provincial se retrae a su mínima expresión.

Es en este cuarto paso donde la crisis se vuelve real. El intendente, que es el primer mostrador del Estado, queda desnudo. Sin fondos provinciales y con una recaudación local diezmada por la recesión, no puede responder a las dos demandas básicas de la gestión: salarios y servicios.

El resultado es lo que vemos esta semana.

En Chacabuco, la oferta de un 1.5% de aumento no es una negociación; es la admisión de la impotencia. El paro de ATE y UPCN no es una medida de fuerza; es la consecuencia lógica de un diálogo roto por la falta de recursos.

En Tapalqué, el caso es aún más paradigmático. Un intendente del propio oficialismo (Fuerza Patria) debe declarar la emergencia económica. Debe anunciar que postergará el pago de sueldos a sus propios funcionarios políticos para garantizar el de los trabajadores. Esto no es oposición; es la realidad superando a la lealtad partidaria.

Y en Arrecifes, la confesión final de Bouvier. "Ni para pavimentar una calle". Es el fin de la gestión como herramienta de transformación. Es el municipio reducido a una unidad administrativa de pago de sueldos, y ni siquiera eso está garantizado.

El Bloqueo Múltiple

Aquí es donde el torniquete se cierra. Esos intendentes desesperados —Cocconi, Bouvier y los 133 restantes— son quienes llaman a sus legisladores provinciales. No importa si son de Unión por la Patria, de la UCR o del PRO. El mensaje es el mismo: "No podemos gobernar. Necesitamos fondos".

Los legisladores, que responden a la lógica de su territorio, obedecen. Y las facciones políticas internas, que no responden a ningún territorio sino a su propia lógica de poder, usan esa necesidad como moneda de negociación.

El gobernador está solo. No puede financiarse porque los municipios, a los que él no puede financiar, se lo impiden. Y porque sus propios aliados usan esa misma crisis como palanca para su beneficio político.


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El Caso Bolívar

El análisis de Arrecifes (UCR) o Chacabuco (PRO) es políticamente cómodo para el oficialismo provincial. Permite enmarcar la crisis como un "problema de la oposición" o una consecuencia directa de las políticas nacionales que "ellos" (la UCR/PRO) apoyan.

Pero Bolívar rompe ese discurso.

La delicada situación financiera de Bolívar, gobernada por Marcos Pisano (Fuerza Patria), es la prueba de que el torniquete asfixia por igual a propios y extraños. Esto tiene dos consecuencias políticas directas:

1. La Presión Interna

Cuando un intendente aliado como Pisano tiene dificultades, no puede usar la crítica pública contra Kicillof como herramienta. Su única vía de presión es interna.

Esto significa que los legisladores provinciales que responden políticamente a su espacio (y al de otros intendentes peronistas de la sección en situación similar) son los que activan el "fuego amigo" en la Legislatura.

La parálisis en La Plata no se explica solo por el bloqueo de la UCR. Se explica, fundamentalmente, porque los legisladores del propio oficialismo están recibiendo la misma llamada desesperada de sus intendentes ("No llegamos a fin de mes", "Tenemos al sindicato en la puerta") que reciben los opositores.

2. La Verdadera Cara de la Negociación

El caso de Bolívar demuestra que la exigencia de un "Fondo de Libre Disponibilidad" no es (únicamente) una extorsión de la oposición para obtener cargos. Es, en gran medida, una demanda de supervivencia que nace del propio corazón del peronismo territorial.

Mientras Kicillof prioriza el núcleo duro del Estado provincial (salarios de policías, maestros, médicos), la gestión municipal —el territorio— se queda sin oxígeno.

Conclusión:

La delicada situación de Bolívar es el ejemplo perfecto de la "doble pinza" que sufre el intendente aliado.

  • Por un lado, sufre la asfixia objetiva: caída de la coparticipación (provincial y nacional) y una recesión que destruye la recaudación de tasas locales.

  • Por otro, sufre la parálisis política: no puede criticar abiertamente a su propio Gobernador, pero necesita que sus legisladores presionen a ese mismo Gobernador para que libere fondos.

Bolívar, al igual que Tapalqué, es la razón por la cual Kicillof no tiene su ley de endeudamiento. La crisis financiera de sus propios alcaldes es el motor de la rebelión interna que, sumada a la oposición, garantiza la parálisis total.

La Nación le aprieta el cuello; los intendentes le aprietan los tobillos; y las facciones internas le retuercen los brazos. La parálisis de la Provincia de Buenos Aires es total. Kicillof no está siendo bloqueado solo por la oposición; está siendo bloqueado por las consecuencias materiales de la crisis y por la lógica predatoria de su propia coalición.

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