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El Pacto del Stand

  • R. D'Alessandro
  • 17 sept
  • 3 Min. de lectura

La escena, en el stand del Diario La Mañana de la Exposición Rural, fue una pieza de teatro político cuidadosamente coreografiada. César Pacho y Nicolás Morán, los dos rivales que dividieron el voto opositor, juntos. Sellaron un pacto con una frase contundente: se votarían mutuamente en un futuro. Para el peronismo local, esa foto no fue un saludo protocolar; fue el timbre de salida de la carrera por el 2027.

Sin embargo, la política tiene memoria y la aritmética es terca. Detrás del gesto de unidad, persiste la narrativa con la que César Pacho, el hombre de La Libertad Avanza, martilla la mesa: sus 4.173 votos lo convierten en el opositor individualmente más legitimado. Es su credencial, su argumento de primacía.

Pero esa narrativa individualista choca frontalmente con el guion que ambos estrenaron en su primera entrevista conjunta post-elecciones. Esta vez, la misión es otra: apagar las críticas de sus propias bases por el riesgo de la división y construir un nuevo marco para la comprensión de la coyuntura en la que se encuentran: la "victoria colectiva". Pacho lo verbalizó con la frialdad de los números: 11.100 votos opositores contra 7.200 del oficialismo. El mensaje era claro. "El 61% del electorado votó en contra de la gestión actual".

El verdadero trofeo, explicaron, no era un concejal más o menos. Era estructural: quebrar, después de años, la mayoría automática en el Concejo Deliberante. La nueva correlación de fuerzas, 9 a 7, es la victoria tangible. Morán incluso defendió la táctica: tener tres listas fuertes, argumentó, optimizó el reparto de escaños a favor de la oposición.

Entonces, ¿qué es más importante? ¿Los 4.173 votos de Pacho o los 11.100 de una oposición que políticamente proviene de un hogar común?

Aquí es donde la biografía política de cada uno se convierte en un ancla o en un timón. Pacho, para abrazar su nueva identidad, tuvo que presentar públicamente su renuncia a la afiliación radical. Está atado al barco de La Libertad Avanza. Su lealtad a la estrategia nacional limita su cintura para negociar alianzas que contradigan el manual de la casa matriz.

Morán, en cambio, juega con otras cartas. Aunque admite "sentirse radical", pide una apertura del partido y recuerda la pragmática necesidad de cambio que forjó a Cambiemos en 2015. Su agrupación, "Hechos", es un vehículo local. No rinde cuentas a nadie fuera de Bolívar. Esa autonomía es su principal activo.

El pacto del stand, con Víctor Cabreros como auspiciante, no fue solo simbólico. Fue el ensayo de una agenda. Pacho admitió "los errores que cometimos en el 2023" y delineó los primeros frentes de batalla para la nueva mayoría en el Concejo: salarios del hospital, estado de los caminos rurales, uso de la Tasa Vial. La sentencia con la que cerró la entrevista fue lapidaria y define su estrategia a largo plazo: "después de 16 años este oficialismo es inaceptable, porque este es un ciclo cerrado".

Ambos saben que el diálogo es el único camino y Morán ya desliza la posibilidad de una "unificación de bloques más adelante". Pero la pregunta del millón, que ellos mismos reconocen, sigue en el aire: "¿bajo qué sello se consolidaría esa unión?".

Esa pregunta definirá la carrera hacia 2027. Por ahora, el buquismo enfrenta un escenario nuevo: dos años sin poder automático y con una oposición que, aunque frágil y llena de tensiones, ya empezó a jugar en tándem.

 
 
 

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