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El Desgaste de la Continuidad: ¿Se Agota el Modelo de 15 Años del Peronismo en Bolívar?

  • R. D'Alessandro
  • 15 sept
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 28 sept

Desde la irrupción de Eduardo "Bali" Bucca en 2011 hasta la gestión actual de Marcos Pisano, un mismo proyecto político ha gobernado Bolívar por casi una década y media. Lo que comenzó como una renovación hoy enfrenta el principal desafío de todo poder duradero: el desgaste y la pregunta de si la continuidad sigue siendo sinónimo de progreso.


Para fines de 2025, el peronismo habrá gobernado Bolívar durante quince años consecutivos. Lo que en 2011 fue la llegada de un proyecto renovador y enérgico bajo el liderazgo de Eduardo "Bali" Bucca, hoy, bajo la intendencia de Marcos Pisano, se enfrenta a un escenario radicalmente diferente: el de un poder consolidado que debe demostrar que su continuidad no es sinónimo de estancamiento.

La gestión Bucca-Pisano es un caso de estudio sobre la construcción y el mantenimiento del poder en el interior bonaerense. Logró crear un modelo de "Estado presente" anclado en la obra pública, eventos masivos y una comunicación de cercanía. Sin embargo, este ciclo político, uno de los más largos en la historia reciente del distrito, ahora se topa con los límites de su propio éxito y con una nueva realidad nacional que lo interpela directamente.


El primer buquismo (2011-2017) fue una etapa de expansión. Con un fuerte respaldo de los gobiernos provincial y nacional de su mismo signo político, la gestión desplegó una inversión en infraestructura sin precedentes: viviendas, asfalto, cloacas y espacios públicos. Se buscó responder a demandas históricas y, a la vez, construir una base de legitimidad sólida y visible.

Iniciativas como la Maraton DIno Hugo Tinelli y el festival "Me Encanta Bolívar" no fueron hechos aislados; respondieron a una estrategia doble. Por un lado, buscar la autonomía financiera y, por el otro, forjar una identidad local ligada a la gestión. El resultado fue un éxito electoral contundente y la consolidación de Bucca como una figura de peso en la política seccional.


La asunción de Marcos Pisano en 2017, tras el salto de Bucca al Congreso Nacional, fue diseñada para garantizar la continuidad del proyecto. Sin embargo, el contexto cambió drásticamente. Pisano debió gobernar con un oficialismo adverso a nivel nacional y provincial (Cambiemos), lo que implicó una escasez de recursos y la necesidad de una gestión más austera y de negociación permanente.

Posteriormente, la pandemia y la actual crisis económica bajo la presidencia de Milei pusieron a prueba la resiliencia del modelo. La gestión de Pisano se ha caracterizado por la administración de crisis y la defensa del legado. Si bien ha logrado mantener el control del territorio y revalidar su mandato en las urnas, ha debido enfrentar un creciente descontento en sectores clave. El prolongado conflicto salarial con los trabajadores de la salud y el malestar del campo por el estado de los caminos rurales son síntomas de un desgaste que ya no puede ocultarse.


Quince años de un mismo color político, si bien garantizan estabilidad, también generan interrogantes. La oposición ha señalado en repetidas ocasiones la existencia de un "pensamiento único" y la falta de espacios para el disenso. La pregunta que recorre la conversación pública es si el modelo que fue exitoso para transformar la infraestructura de Bolívar sigue siendo eficaz para dar respuesta a las nuevas y complejas demandas de su sociedad.

El desafío para el oficialismo es monumental: debe demostrar que es capaz de renovarse desde adentro, de escuchar las críticas y de adaptar un proyecto nacido en el auge del kirchnerismo a una era definida por la austeridad y la polarización nacional. De no lograrlo, la continuidad que fue su mayor fortaleza podría convertirse en su principal debilidad de cara al futuro.

 
 
 

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