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Informe Económico: Anatomía de la Crisis que Viene

  • C. Esposito
  • 22 sept
  • 6 Min. de lectura

En la superficie, la economía argentina presenta signos de una calma celebrada por el gobierno: la inflación se desacelera y la brecha cambiaria es mínima. Sin embargo, un consenso creciente entre analistas de distintas vertientes ideológicas advierte que esta estabilidad es artificial y precede a una crisis inevitable.

Este informe busca desentrañar las dos principales visiones críticas sobre el futuro económico del país, representadas por dos economistas influyentes: Carlos Maslatón, exponente de un liberalismo de mercado sin concesiones, y Emmanuel Álvarez Agis, de una matriz post-keynesiana enfocada en la producción y la demanda. En días en que cada uno de nosotros busca explicaciones y posibles soluciones, sin ser expertos en economía, corremos el riesgo de caer en simplificaciones o adherir a posturas de los "influencers económicos" sin percatarnos de lo que realmente nos están proponiendo

Aunque ambos economistas coinciden en el diagnóstico de la fragilidad actual, sus propuestas de salida son diametralmente opuestas. Comprenderlas es entender los dos posibles escenarios de crisis que enfrenta Argentina: un colapso agudo y súbito (infarto) o una agonía prolongada y administrada (enfermedad crónica).

El Diagnóstico Compartido

A pesar de sus diferencias, Agis y Maslatón convergen en tres puntos fundamentales que describen la estabilidad actual como una ilusión construida sobre cimientos insostenibles.

Ambos analistas demuelen la narrativa oficial del equilibrio fiscal, argumentando que es una ficción contable:

  • La Tesis de Maslatón: El superávit es una mentira que oculta un "presupuesto financiero". Sostiene que el Estado, para sostener su política monetaria, expande su deuda a un ritmo de 300 millones de dólares por día. Lo que se presenta como ahorro es, en realidad, un endeudamiento masivo que transforma el supuesto superávit en un déficit real equivalente al 50% del presupuesto.

  • La Tesis de Agis: El equilibrio se sostiene gracias a un prestamista que actúa por motivos políticos, no técnicos: el FMI. Agis argumenta que el Fondo violó sus propios estatutos para otorgar préstamos a gobiernos afines a Washington (tanto el de Macri como el actual), financiando campañas electorales y un bienestar artificial a sabiendas de que los planes no eran sostenibles.

La conclusión es la misma: el ancla fiscal no es real. Es una fachada que se logra aniquilando el gasto en la economía real (jubilaciones, obra pública) para alimentar una esfera financiera que vive del endeudamiento futuro.

El Ancla Cambiaria como Motor de la Próxima Crisis

Ambos identifican la estrategia de mantener el dólar estable o con una devaluación lenta como una bomba de tiempo. Agis la describe como una "droga electoral": un mecanismo para generar una sensación de riqueza efímera en años de elecciones. Al aumentar el poder de compra de los salarios en dólares, se incentiva el consumo de importados y el turismo al exterior, lo que drena las reservas del país. En tanto, Maslatón la llama la "bicicleta financiera": un esquema que garantiza ganancias extraordinarias en dólares a especuladores a corto plazo. Se ofrecen altas tasas en pesos mientras el dólar permanece quieto, destruyendo la producción nacional al hacerla cara en comparación con el resto del mundo.

Sin embargo este mecanismo, coinciden, siempre termina de la misma manera: con una crisis de balanza de pagos y una devaluación brusca que licúa los ingresos de la población.

La Primacía de las Finanzas sobre la Producción

El punto de convergencia más profundo es la descripción de una economía donde el único negocio rentable es el financiero. La energía y el capital del sistema no se dirigen a crear empleo, abrir fábricas o mejorar la productividad, sino al arbitraje de tasas y tipos de cambio. Es una "economía de casino" donde se enriquecen quienes especulan, mientras la economía real —la de los comercios, los salarios y la producción— se estanca y empobrece.

Si el diagnóstico es compartido, las recetas son irreconciliables. Aquí se definen los dos futuros posibles.

La propuesta de Maslatón es una cirugía radical sin anestesia, una terapia de shock para purgar todos los desequilibrios de un solo golpe.

  • El Plan, Paso a Paso:

    • Feriado Bancario y Cambiario: Decretar una pausa total de una semana en bancos y mercados de cambio para detener la corrida.

    • Cancelación de Deuda Indexada: Durante el feriado, el Estado cancelaría de inmediato todos los bonos en pesos atados a la inflación o al dólar. Maslatón insiste en que no es un default, sino una recompra forzosa ("call") para eliminar la fuente de la indexación futura.

    • Liquidación del Cuasifiscal: Se pagaría toda la deuda restante del Tesoro, acreditando el dinero en las cuentas de sus tenedores e inyectando una liquidez masiva al sistema.

    • Liberación Absoluta del Mercado de Cambios: Al reabrir los mercados, el gobierno se retiraría por completo, permitiendo una flotación libre del tipo de cambio. El precio del dólar lo definiría exclusivamente la oferta y la demanda.

Consecuencias para la Economía Real: El impacto a corto plazo sería catastrófico para la demanda. La devaluación violenta e incontrolada que seguiría a la flotación pulverizaría el poder de compra de los salarios y los ahorros en pesos. El consumo se desplomaría, la incertidumbre congelaría la producción y las empresas que dependen del mercado interno quebrarían masivamente. Sería un shock que provocaría un desempleo masivo con el objetivo de encontrar un nuevo y brutal punto de equilibrio. Es el camino del colapso agudo, una apuesta a que después de la destrucción total, la economía puede renacer sobre bases más sólidas.

La visión de Álvarez Agis es la de un pragmatismo político que busca administrar la crisis para evitar el colapso, no desatarla.

  • La Estrategia:

    • Rechazo del Ancla Cambiaria como Herramienta Política: La medida central es abandonar el uso del dólar barato como "droga electoral". Esto implica aceptar un nivel de inflación más alto y un poder de compra en dólares más bajo de forma sostenida, para evitar la burbuja que siempre conduce a una crisis posterior.

    • "Flotación Sucia" del Dólar: En lugar de una liberación total, el Estado intervendría en el mercado de cambios para administrar el ritmo de la devaluación, buscando recuperar competitividad para los exportadores sin aniquilar los salarios de un día para el otro.

    • Renegociación Política de la Deuda: Asumir que el FMI es un actor político y negociar en esos términos para liberar recursos que permitan al Estado usar herramientas fiscales (inversión, políticas de ingresos) para sostener la actividad y el empleo.

Consecuencias para la Economía Real: El objetivo es el opuesto al de Maslatón: amortiguar el golpe sobre la producción y el consumo. Se busca evitar el colapso total a costa de convivir con los desequilibrios. Para el ciudadano, esto significa no un shock violento, sino un estancamiento prolongado. Una larga y dolorosa agonía con inflación alta, bajo crecimiento y crisis recurrentes que nunca terminan de resolverse del todo. Es el camino de intentar mantener al paciente con vida, aunque nunca se recupere por completo.

Conclusión: Un Pronóstico Sombrio, Dos Realidades Posibles

El análisis de ambos economistas confirma que la calma actual es un interludio insostenible. La verdadera discusión no es si habrá una crisis, sino cuál será su naturaleza.

  • El camino de Maslatón es el de un evento agudo y violento, un infarto financiero que promete una resolución rápida, aunque a un costo social y productivo impensable.

  • El camino de Agis es el de una enfermedad crónica, un ciclo de ajuste que busca evitar el colapso, pero que perpetúa una agonía de estancamiento y empobrecimiento paulatino.

La elección no es entre la estabilidad y la crisis, sino entre un shock que liquide el modelo de raíz y una gestión que intente administrar su decadencia. Para la producción, el empleo y los salarios, ninguna de las dos opciones ofrece alivio a corto plazo.

El debate se nos presenta como una elección de verdugo: entre el golpe seco y final del hacha o el lento desangrar de mil cortes. La discusión técnica, absorbente y urgente, nos empuja a tomar partido por un tipo de ruina sobre el otro. Pero quizás la verdadera lucidez no resida en elegir el método, sino en preguntar quién sigue afilando las hojas. Tal vez la salida del laberinto no se encuentre en discutir cuál de sus dos salidas es menos dolorosa, sino en entender, de una vez por todas, la arquitectura de la trampa que nos obliga a elegir. Creer que en una receta económica puede encontrarse la solución definitiva es desconocer ante todo la necesidad de una clara y firme conducción política sin la cual, el reparto de pesos y beneficios recaerá en los mismos de siempre.

 
 
 

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