La Contracultura que no Vimos Venir: Cómo el Libertarianismo Hackeó la Rebeldía Juvenil
- R. D'Alessandro
- 9 oct
- 11 Min. de lectura

El surgimiento del movimiento libertario en Argentina representa más que una anomalía política; es un complejo fenómeno cultural que ha logrado capturar el espíritu rebelde de una generación juvenil desencantada. Su éxito no reside únicamente en un programa económico radical, sino en su habilidad para fusionar el liberalismo con una potente narrativa cultural de transgresión anti-sistema. Este discurso resuena profundamente con las inseguridades materiales y afectivas de los jóvenes argentinos, ofreciendo una identidad política que se percibe como auténtica y disruptiva frente a un establishment político y cultural considerado agotado. Este informe analiza las múltiples dimensiones de este fenómeno, desde sus raíces ideológicas y estrategias discursivas hasta su estética, su ecosistema digital y las causas sociológicas de su atractivo, concluyendo con un análisis de su impacto en la cultura democrática argentina y las formas de resistencia que ha generado.
Más Allá de la Tradición: Definiendo la "Nueva Derecha" en América Latina
El concepto de "nuevas derechas" describe una categoría política distinta del conservadurismo tradicional. Estos movimientos se caracterizan por una postura ideológicamente ambivalente: participan en el sistema democrático pero, al mismo tiempo, tensionan sus fundamentos liberales hasta el límite. A menudo se presentan como fuerzas anti-establishment y populistas, centradas en librar una "batalla cultural". Su discurso defiende activamente una distribución desigual de bienes y reconocimiento, no solo entre clases sociales, sino también entre géneros y generaciones.
Lejos de ser un fenómeno aislado, la nueva derecha forma parte de una "internacional reaccionaria" de alcance global. Esta red conecta figuras y movimientos a través de América Latina, Estados Unidos y Europa —como Vox en España, el trumpismo en EE. UU. y el bolsonarismo en Brasil—, compartiendo estrategias y un enemigo común designado bajo etiquetas como "socialismo", "comunismo" o "marxismo cultural". Estas redes transnacionales no solo coordinan discursos, sino que aspiran a "infiltrar instituciones" y conformar una alianza global para disputar el poder.
El Tropo del "Marxismo Cultural"
Un elemento central del discurso de la nueva derecha es la teoría conspirativa de que los medios de comunicación y las universidades están dominados por el "marxismo cultural". Este concepto funciona como un término paraguas para atacar a los movimientos progresistas, especialmente al feminismo y los derechos LGBTQ+, enmarcándolos como una amenaza a los valores tradicionales. Esta narrativa de asedio cultural les permite presentar su proyecto político como una "reconquista" o una contraofensiva cultural.
Este enfoque revela que la nueva derecha no se concibe a sí misma como una mera alternativa electoral, sino como un proyecto contrahegemónico. Su objetivo de "infiltrar instituciones" y librar una "batalla cultural" se alinea con el principio gramsciano de que el poder político debe estar precedido por el dominio cultural.
La creación de un prolífico mercado editorial y de nuevos centros de pensamiento busca construir un marco ideológico alternativo y un "nuevo sentido común" que desplace el consenso cultural establecido tras las dictaduras en la región. No se trata solo de ganar elecciones, sino de ejecutar un proyecto a largo plazo de transformación cultural, donde figuras como Javier Milei actúan como la vanguardia política de un cambio ideológico más profundo.
Raíces Históricas y Fundamentos Ideológicos
Anclajes Históricos
El movimiento libertario en Argentina no es una creación ex nihilo, sino que se ancla en "tradiciones liberales centenarias" y, de manera crucial, en la identidad del "antiperonismo". La tradición liberal argentina ha mantenido una relación compleja y a menudo "sinuosa" con la democracia, llegando a apoyar giros autoritarios en distintos momentos de la historia. Esto proporciona un reservorio histórico de sentimiento antiestatista y elitista sobre el cual construir el discurso actual.
El fundamento intelectual del movimiento es la Escuela Austriaca de Economía, particularmente las obras de Ludwig von Mises, Friedrich Hayek y, de forma central, Murray Rothbard. Sus conceptos clave incluyen el individualismo metodológico (los fenómenos sociales son resultado de acciones individuales), la subjetividad del valor y la imposibilidad de la planificación económica central debido al "problema del conocimiento".
De la Teoría a la Política
El éxito del movimiento no se debe a la popularización masiva de una densa teoría económica, sino a su radical simplificación en una narrativa moralista y maniquea. Conceptos abstractos como la "praxeología" o la "imposibilidad del cálculo económico en el socialismo" se destilan en eslóganes emocionalmente cargados como "el Estado es una organización criminal" y "los impuestos son un robo". La propia identidad de Milei como un "anarcocapitalista" que aspira a abolir el Estado está directamente inspirada en Rothbard. Esta transformación de la teoría académica en un arma política es un mecanismo clave de su impacto cultural. No es un fallo de comunicación, sino una estrategia deliberada que despoja a la teoría de su matiz académico para reempaquetarla como un drama moral simple y poderoso, lo que le permite eludir el debate racional y conectar directamente con los sentimientos de injusticia y rabia, una táctica altamente eficaz para la movilización juvenil en plataformas como TikTok.
El Rol de los Think Tanks
Instituciones como la Fundación Libertad y Progreso y la recién formada Fundación Faro desempeñan un papel crucial en la diseminación de estas ideas, la creación de redes y la interpelación a la juventud a través de programas específicos, actuando como incubadoras ideológicas del movimiento.
Narrativas, Estéticas y Estrategias Culturales
El discurso libertario se articula en torno a tres narrativas fundamentales:
Libertad vs. El Estado: Se promueve una redefinición radical de la libertad, entendiéndola como un atributo puramente individual y económico, alcanzable solo mediante la fórmula de "achicar al Estado para engrandecer a la sociedad". En esta visión, el Estado no es un garante de derechos, sino una entidad opresora que coarta la libertad a través de impuestos y regulaciones.
Mérito vs. "Privilegio": El discurso defiende una meritocracia radical, llegando a negar la existencia de desigualdades estructurales, especialmente las de género. El éxito se presenta como un producto exclusivo del esfuerzo individual, mientras que las políticas sociales son vistas como privilegios injustos para los "planeros" (beneficiarios de planes sociales) a expensas de una clase media productiva. Conceptos como "empoderamiento" son reapropiados del feminismo y reformulados como una capacidad individual para el éxito, desvinculada de cualquier lucha colectiva.
Patriotismo y Redención Nacional: En contra de la visión tradicional del liberalismo como una fuerza antipatriótica, este movimiento fusiona el ideario libertario con un fuerte sentimiento nacionalista. La promesa central es devolver a Argentina a una mítica edad de oro de prosperidad a través de la adopción de "las ideas de la libertad".
Estilo Retórico
El estilo es populista, disruptivo y altamente afectivo. Se basa en:
Encuadre Antipolítico: Una división maniquea entre "el pueblo" (los trabajadores honestos) y "la casta" (los políticos corruptos), retratada como una élite homogénea y parasitaria.
Lenguaje Agresivo y Performativo: El uso de insultos ("soretes", "manga de chorros"), un tono grandilocuente y un estilo informal proyectan un ethos de outsider carismático y auténtico que combate al sistema.
Ethos Profético: El eslogan "¡Viva la libertad, carajo!" funciona como un aforismo que enmarca al líder como un profeta que entrega un mensaje mesiánico de liberación, reforzando una identidad colectiva a través de la intimidación al adversario.
La Estética de la Transgresión
Es el símbolo central de Javier Milei, representando fuerza, rebelión y realeza ("rey de la selva"). Evoca una fuerza disruptiva que viene a "despertar leones" (sus seguidores) contra los "corderos" (ovejas) guiados por la casta. La estética del cabello desaliñado y la actitud agresiva son parte integral de esta performance leonina.
La bandera amarilla con una serpiente de cascabel enroscada y el lema “Don't Tread on Me” ("No me pises") es un marcador visual clave. Importada de los movimientos libertarios y del Tea Party estadounidenses, simboliza la rebelión contra la extralimitación del Estado, la libertad individual y una disposición defensiva para contraatacar.
Los colores dominantes son el amarillo y el negro, asociados tanto a la bandera de Gadsden como a la bandera "anarcocapitalista". Esta combinación crea una identidad de marca austera y reconocible, fácilmente replicable en espacios digitales y físicos.
La estética general rechaza la apariencia formal y pulcra de la política tradicional, adoptando un estilo más rudo y de outsider que resuena con las contraculturas juveniles. Su identidad visual se asemeja más a la de las subculturas en línea que a la de los partidos políticos convencionales.
Influencers, Memes y la "Manosfera": El Ejército de Influencers
El éxito digital del movimiento es impulsado por una red de influencers y cuentas satélite (como Juan Doe, El Peluca Milei, Danann) que amplifican el mensaje central. Estos actores generan un flujo constante de contenido, funcionando como intermediarios que traducen el discurso político al lenguaje vernáculo de las redes sociales.
TikTok es una plataforma central para alcanzar a audiencias jóvenes que no están necesariamente interesadas en la política. El algoritmo de la plataforma, que prioriza el compromiso y la viralidad, es ideal para el contenido breve, emocionalmente cargado y a menudo humorístico o agresivo del movimiento, una forma de “politainment”.
Los memes no son solo bromas; son una herramienta clave en la "batalla cultural". Se utilizan para ridiculizar a los oponentes, simplificar ideas complejas y disputar narrativas históricas, como la memoria de la última dictadura militar. Esta forma de comunicación "metapolítica" opera a nivel cultural para cambiar percepciones y construir una identidad de grupo a través de códigos y humor compartidos.
Aprovechamiento de la "Manosfera"
La fuerte postura antifeminista del movimiento conecta directamente con la "manosfera", comunidades en línea de hombres unidos por la misoginia y el resentimiento hacia el feminismo. Al atacar la "ideología de género" y posicionar al feminismo como un enemigo, la nueva derecha capitaliza las ansiedades y la "masculinidad herida" de muchos hombres jóvenes, convirtiendo este resentimiento en una potente fuerza política.
El éxito del movimiento libertario entre los jóvenes no es solo el resultado de crear contenido atractivo, sino de dominar la lógica de los algoritmos de las redes sociales para construir y reforzar activamente una identidad política. Plataformas como TikTok crean un bucle de retroalimentación que genera "burbujas de filtro" o "cámaras de eco", donde una visión del mundo libertaria es constantemente validada mientras que las opiniones disidentes son marginadas. El proceso funciona de la siguiente manera: los libertarios crean contenido optimizado para el algoritmo (breve, emocional, crítico); el algoritmo lo sirve a usuarios potencialmente receptivos; la interacción del usuario (me gusta, compartidos) le indica al algoritmo que proporcione más de lo mismo, creando un entorno inmersivo que normaliza ideas radicales y solidifica una visión de "nosotros contra ellos". Así, la identidad política es coproducida por el movimiento y la arquitectura de la plataforma, transformando el consumo pasivo de contenido en un proceso activo de formación identitaria y radicalización.
La Generación Libertaria: El Atractivo de la Rebelión
El motor principal es un profundo desencanto arraigado en la precariedad económica y la falta de oportunidades futuras. Décadas de inestabilidad económica y alta inflación han forjado una generación acostumbrada a la crisis, para la cual las promesas de los partidos políticos tradicionales suenan vacías.
Existe una desconfianza y un rechazo generalizados hacia toda la clase política, vista como corrupta y egoísta. Este sentimiento "antipolítico", donde todos los políticos son percibidos como "lo mismo", crea una apertura para un
outsider que promete destruir el sistema.
La Nueva Rebelión
La nueva derecha ha cooptado con éxito el lenguaje de la rebelión, la transgresión y la autenticidad, históricamente asociado a la izquierda. En un entorno cultural percibido como dominado por la "corrección política" progresista, ser de derecha se convierte en la nueva forma de contracultura. El estilo políticamente incorrecto de Milei es interpretado por los jóvenes no como un defecto, sino como una señal de honestidad.
Reacción al Feminismo
Para un segmento de hombres jóvenes, el avance del feminismo se percibe como una amenaza, generando resentimiento y una sensación de injusticia. La nueva derecha proporciona un hogar político para esta reacción, validando sus sentimientos y ofreciendo una narrativa que los enmarca como víctimas de la "ideología de género".
Aunque el apoyo es amplio, es particularmente fuerte entre los hombres jóvenes menores de 25 años. Estos votantes no son necesariamente apáticos; su rechazo a la política tradicional alimenta su compromiso con esta nueva alternativa. A menudo provienen de una clase media que se siente "sofocada" entre los "planeros" por debajo y la "casta" por encima, soportando la carga fiscal sin percibir beneficios.
El movimiento juvenil combina estructuras formales e informales. Esto incluye agrupaciones estudiantiles oficiales como "Bases CABA" y la agrupación universitaria "Crear más Libertad", lanzadas por la dirección del partido para combatir el supuesto "adoctrinamiento". También abarca una vasta red descentralizada de activistas en línea y grupos como "Pibes Libertarios", que surgieron durante las protestas contra la cuarentena en la pandemia, un momento clave de movilización y formación de identidad.
Visión del Trabajo y el Futuro
El ethos de la juventud libertaria es profundamente individualista. Valora el emprendimiento, la autogestión y el mérito. Hay un rechazo a la dependencia del Estado y la creencia de que el esfuerzo individual es el único motor del éxito. Esta visión resuena con la realidad del trabajo precario (por ejemplo, los repartidores de aplicaciones), donde los individuos deben "autogestionar" su supervivencia en una economía de plataformas. La aspiración económica final es un futuro libre de inflación e interferencia estatal, donde puedan prosperar por su propia iniciativa.
En este contexto, la adopción del término "autogestión" por parte de la juventud libertaria representa una inversión ideológica radical de sus raíces históricas anarquistas y socialistas. Mientras que el anarquismo clásico concibe la autogestión como una práctica colectiva y anticapitalista de propiedad social, la juventud libertaria la reformula como una estrategia de supervivencia hiperindividualizada y promercado. La nueva derecha ha logrado tomar un término históricamente asociado a sus archienemigos y reutilizarlo para describir la condición misma de la precariedad neoliberal. La "libertad" de ser un emprendedor autoexplotado se renombra como una forma de empoderamiento. Esta paradoja revela un cambio profundo donde la ausencia de protección estatal y negociación colectiva ya no se ve como una vulnerabilidad, sino como una oportunidad para el esfuerzo individual.
Libertarismo y Cultura Democrática
El mundo académico analiza el movimiento a través de diversas lentes, incluyendo "populismo de derecha", "derecha radical" y "posfascismo". Un debate clave gira en torno a si su estilo anti-establishment y centrado en el líder constituye una forma de populismo que enfrenta a un "pueblo" virtuoso contra una "casta" corrupta. Se considera que el movimiento capitaliza un sentimiento "antipolítico" generalizado que tiene profundas raíces en la sociedad argentina.
El proyecto libertario plantea un desafío significativo al consenso democrático post-1983 en Argentina. Su rechazo explícito a la "justicia social" como principio rector socava el fundamento moral y político del Estado argentino moderno. Este ataque al consenso social, combinado con un enfoque de confrontación hacia otros poderes del Estado (como el judicial y el legislativo), crea un escenario de alta tensión institucional y pone en duda la estabilidad a largo plazo de las normas democráticas liberales.
La sostenibilidad del modelo es una de las principales incógnitas. Las medidas de austeridad radical tienen un severo impacto social, profundizando la pobreza y la desigualdad. La falta de una base legislativa sólida del gobierno lo hace dependiente de alianzas ad-hoc y del poder ejecutivo, creando escenarios de posible bloqueo institucional o deriva autoritaria. Las vulnerabilidades clave son la "inutilidad del sacrificio" (si la mejora económica no se materializa) y el riesgo de que Milei se convierta en "más de lo mismo" que la casta que denuncia.
Las Contranarrativas en Disputa
La oposición más visible y organizada ha surgido del sistema universitario público. Se han organizado masivas marchas federales para protestar contra los recortes presupuestarios y el discurso anti-intelectual del gobierno.
El símbolo principal de esta resistencia es el acto de levantar libros, posicionando el conocimiento, la ciencia y la educación pública directamente en contra del modelo libertario. La estética es la de la movilización masiva, uniendo a estudiantes, profesores y sindicatos, y utilizando métodos de protesta tradicionales como clases públicas, marchas de antorchas y tomas de facultades para defender una institución central para la movilidad social en Argentina.
Grupos juveniles feministas y de izquierda lideran la contraofensiva cultural y digital. Generan memes y contenido en línea que parodian o critican a las figuras e ideas libertarias. Estos grupos enmarcan el avance libertario como una amenaza directa a los derechos conquistados, particularmente la igualdad de género y la diversidad sexual. Sin embargo, también existe un elemento de autocrítica, reconociendo una posible desconexión entre la militancia tradicional de izquierda y las preocupaciones de una juventud más amplia y menos politizada.
En última instancia, el conflicto entre el movimiento libertario y la oposición liderada por las universidades no es simplemente una disputa política por un presupuesto. Es un choque fundamental entre dos visiones utópicas contrapuestas para el futuro de Argentina, cada una con su propio modelo de ciudadano y sociedad ideal. La narrativa libertaria promete una utopía de libertad individual a través del mercado, con el emprendedor autosuficiente como ciudadano ideal, el "león". Por otro lado, el movimiento universitario defiende una utopía de progreso colectivo a través de la educación pública y la solidaridad social, donde el ciudadano ideal es un individuo educado, crítico y socialmente integrado, simbolizado por los libros en alto. Esta no es una simple discrepancia, sino una batalla por el alma del país, ya que una visión imagina un futuro basado en el individualismo radical y la otra en los derechos sociales y el conocimiento colectivo. La juventud está en el centro de esta batalla, pues encarna ese futuro en disputa.







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