Slavoj Žižek y la Catástrofe Necesaria: Una Reseña de "Contra el Progreso"
- R. D'Alessandro
- 18 sept
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 6 oct

Un mago hace desaparecer un pájaro de su mano para hacerlo aparecer nuevamente al rato. Pero el truco oculta algo macabro. La secuencia se trata de dos pájaros y el primero que desapareció ha quedado oculto y muerto. Con esta escena de la película El Gran Truco de Christopher Nolan, Zizek ejemplifica la dialéctica del progreso. Cuando llega una etapa nueva y superior, siempre debe quedar un pájaro muerto en el camino.
Slavoj Žižek, el filósofo esloveno conocido tanto por su rigor intelectual como por su estatus de enfant terrible de la academia, no escribe libros para ofrecer consuelo. "Contra el Progreso" no es la excepción. Lejos de ser un manual para el optimismo o una guía para la reforma gradual, esta obra es una demolición controlada de una de las ideas más arraigadas en la modernidad occidental: la noción de que la historia avanza linealmente hacia un futuro mejor. Para Žižek, esta idea no es solo una ilusión, sino una peligrosa droga ideológica que nos impide confrontar la catástrofe que ya está en marcha.
El argumento central del libro es tan simple como provocador: el "progreso", tal como lo concibe el liberalismo tecnocrático, es una fantasía que sirve para sostener el statu quo capitalista. Žižek ataca la creencia de que podemos solucionar las crisis sistémicas —ecológica, económica, social— con más de lo mismo: un poco más de tecnología verde, un capitalismo con "rostro humano", una mayor regulación aquí y allá.
Para él, estas son meras negociaciones con la catástrofe, intentos de posponer lo inevitable. El "progreso" se convierte en la narrativa que nos permite seguir consumiendo, produciendo y participando en un sistema fundamentalmente insostenible mientras nos sentimos bien con nosotros mismos por reciclar o votar por la opción "razonable". En este sentido, Žižek argumenta que la ideología no funciona como una simple máscara que oculta la realidad, sino como el conjunto de rituales y creencias que estructuran nuestra propia realidad y nos impiden ver sus contradicciones inherentes.
Si el progreso es una mentira, ¿qué nos queda? Aquí es donde Žižek introduce su particular lectura del apocalipsis. No se refiere a un fin del mundo bíblico, sino al colapso del universo simbólico que ordena nuestra existencia. Es el momento en que las ficciones que sostienen nuestro orden social se desmoronan y nos vemos forzados a enfrentar lo "Real", en el sentido psicoanalítico lacaniano: el núcleo traumático e insoportable que la ideología se esfuerza por ocultar.
La crisis climática no es un problema a "resolver" dentro del sistema actual; es una manifestación de lo Real, una señal de que el sistema mismo es el problema. Frente a esta irrupción, Žižek descarta las soluciones reformistas y aboga por un "Acto" radical. Un Acto no es una simple acción o protesta; es una intervención que rompe con las coordenadas del orden existente y crea la posibilidad de uno nuevo. Es un gesto que, visto desde la lógica del sistema, parece una locura o un suicidio, pero que es la única salida real. En lugar de evitar la catástrofe, debemos "atravesarla", aceptando la desintegración del viejo mundo para poder construir algo verdaderamente nuevo desde sus ruinas.
Leer a Žižek es una experiencia en sí misma. "Contra el Progreso" despliega su arsenal característico:
Análisis de la cultura pop: Películas de Hollywood, series y chistes (a menudo subidos de tono) se utilizan como herramientas para ilustrar complejos conceptos filosóficos.
Saltos vertiginosos: El texto salta sin previo aviso de la alta filosofía alemana (Hegel, Kant) al psicoanálisis de Lacan, y de ahí a un análisis de la última crisis política.
Repetición y circularidad: Žižek no construye un argumento lineal y pulcro. Vuelve una y otra vez sobre las mismas ideas desde ángulos diferentes, como un torbellino que arrastra al lector hacia su centro.
Este estilo puede ser exasperante para quienes buscan respuestas claras y directas, pero es coherente con su proyecto: no se trata de ofrecer un programa político, sino de forzar al lector a cambiar su forma de pensar, a despojarse de las categorías ideológicas que da por sentadas.
"Contra el Progreso" no es un libro para cualquiera. No ofrece esperanza en el sentido convencional, ni soluciones prácticas inmediatas. Es fácil acusar a Žižek de un pesimismo paralizante o, peor aún, de un coqueteo irresponsable con la idea del colapso.
Sin embargo, sería un error leerlo así. La obra es, en realidad, un diagnóstico brutalmente honesto y un llamado a despertar. Es un intento de sacudirnos de la complacencia ideológica y hacernos entender la verdadera magnitud de la crisis. No es un manual para la revolución, sino una preparación teórica para el momento en que la ficción del "progreso" se vuelva insostenible. Es una invitación a tener el coraje de pensar más allá de los límites de nuestro mundo actual, incluso si ese pensamiento nos lleva al borde del abismo. Para Žižek, solo desde ese borde se puede dar un verdadero salto hacia adelante.







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